Historia

La fascinante historia de Playas de Rosarito, Baja California, México

Mario Alberto Serrano Monzón. Editorial Impresiones Maravillosas.

Foto de Bernardo de Jesús Saldaña
Foto de Bernardo de Jesús Saldaña.

P R E S E N T A C I Ó N

Foto de Aracely Brown
Foto de Aracely Brown

Playas de Rosarito guarda un estrecho vínculo con la el resto de la California, una región inhóspita pero también generosa, sus favores siempre han sido para abrazar a su gente. Habitarla ha exigido siempre una gran sensibilidad para adaptarse al entorno. La historia cumple «una doble función social; por un lado favorece la cohesión en el interior del grupo, por el otro, refuerza actitudes de defensa y de lucha frente a grupos externos», la suma, es la identidad, dice el maestro Enrique Florescano, en su libro La función social de la historia.

La historia nacional adolece de un centrismo histórico, en virtud del cual se entiende por historia nacional lo sucedido en el altiplano del país con muy poca atención a una serie de desarrollos regionales, lo que lleva a una concepción que debe complementarse y enriquecer con el estudio sistemático de las diversas regiones del país, pues “todo es México”. Como todas las grandes historias, la de Rosarito se encuentra plena de todo tipo de sucesos, aventuras, héroes, villanos, religión, política, rifles, pistolas, arcos, flechas, cuchillos de piedra, el dominio del fuego, víboras, exploraciones y migraciones en el último rincón del mundo por descubrir.

Es fascinante la interacción de generaciones y los recursos ambientales, se ofrece aquí un compendio narrativo, a veces collage, a veces reflexión, a manera de rompecabezas o collage grandes sucesos forjadores de nuestra identidad, a través de testimonios emanados de las más diversas fuentes, cartas, artículos, testimonios, periódicos, libros, páginas web, revistas.

Con este libro caminamos por la historia “clásica” de estas tierras: de la llegada de las primeras familias de cazadores recolectores hace por lo menos 15 000 años, al arribo de los yumanos hace 1 000; de la constitución de la nación kumiai a las repercusiones del descubrimiento de los occidentales; de la influencia dominica a la construcción de una identidad frontereña y de ahí a la fundación de una ciudad. Seguimos a personajes forjadores de nuestra actualidad: Jatñil “el kumiai”, Portolá “el explorador”, el jóven pilotín Cañízares, los fray Juan Crespí y Junípero Serra, el indio “Barrabás el burlón”, al infatigable padre dominico Sales al frente de la fundacion de la Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera, la determinación del soldado Machado, y las aventuras de “El Cholo” en el fuerte de El Descanso, en lugares emblemáticos como Agua Caliente, el Valle de San Juan Bautista, la Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera, El Descanso, el Río Rosarito, las rebeliones indígenas, la interacción de la población, las múltiples líneas fronterizas…

Agradecimientos…

A estas alturas todo libro es obra colectiva. Conste el reconocimiento y gratitud a todos los sabios, historiadores, periodistas, fotógrafos, artistas, activistas y ciudadanos consultados, cuyo trabajo es parte medular no solamente del contenido, sino de la comprensión de nuestra historia; sin su trabajo y apoyo hubiera sido muy difícil cumplir con nuestra meta.

Y gracias a los rosaritenses, por supuesto, a todos…

La prehistoria: hombres, palos y piedras

De 40,000–30,000 a.C. a hace unos 15,000 años (más o menos).

La más vieja hipótesis no deja de tener su atractivo y ampliamente es la más aceptada. Los más tempranos habitantes del continente llegaron de Asia cruzando el estrecho de Beiring. ¨Las heladas provocaron descensos en el nivel del mar y ambos continentes conformaron un solo bloque durante milenios¨, informa el Portal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México en su capítulo ¨Historia de México¨ I. La fortaleza de la teoría se encuentra en la cronología de los hallazgos arqueológicos, y más recientemente, por pruebas de ADN. También goza de fuerza razonable la ¨Teoría de la migración costera¨, el arribo por medio de balsas desde las Islas del Pacífico.

Todos estos procesos migratorios prehistóricos mantienen una relación estrecha con nuestra región.

 

La ruta terrestre.

Esta ¨ruta central¨, de acuerdo a recientes investigaciones, en plena glaciación, al este de las montañas rocallosas, un corredor de 160 kilómetros quedaba libre al paso de grandes manadas, y tras ellas familias de cazadores. Hay pruebas de todos estos fenómenos migratorios a lo largo y ancho del territorio. Durante generaciones las familias de nómadas cazadores se internaron en la llamada “broma geográfica” peninsular que es la después nombrada Californias, desarrollando mientras tanto técnicas de adaptación en una región generosa pero también inhóspita. Estas tierras han exigido siempre sensibilidad, astucia y valentía a sus pobladores, entre otros valores y atributos, para sobrevivir.

Ingeniosos siempre, nuestros antepasados llegaron de varias maneras y en diferentes épocas. Los restos arqueológicos más antiguos describen una ruta orientada de norte a sur principal y precisamente uno de los extremos terminales es el norte de Baja California.

Hallazgos arqueológicos de norte a sur

Alaska: 30,000 años. Canadá: 30,000 años.

California: 27,000 años.

México: 20,000 años

Venezuela: 14,000 años. Perú: 18,000 años. Chile: 11,000 años.

 

La investigación genética

Una reciente investigación genética reveló a los actuales indígenas norteamericanos con un linaje mitocondrial llamado “haplogrupo X”, indicador de un origen europeo debido al posible arribo de esa población a costas orientales de Norteamérica hace alrededor de 15 000 años, esto según la teoría del antropólogo estadounidense Bruce Bradley y del arqueólogo del Smithsonian Institute, Dennis Stanford, de donde se desprende la existencia de una remota inmigración europea a América, sumado a las migraciones asiáticas por tierra y mar, basada en similitudes entre la Cultura Lítica Solutrense (Europa), y la Cultura Clovis (América).

 

Hace 12 000 años. La Cultura ¨Clovis¨

Tres descubrimientos confirmaron la presencia de la Cultura Clovis en Baja California, sociedades de cazadores-recolectores del periodo Paleoindio, fechados alrededor de 11 000 a 12 000 años. En 1951, Homer Aschmann descubrió una punta acanalada tipo Clovis en el Rancho San Joaquín, en pleno desierto central de la península. El hallazgo no quedó aislado y cuarenta años después Gutiérrez y Hyland identificaron dos fragmentoa de punta clovis, una en el Rancho del Batequí y otra en el Rancho de San Francisco. Nuestros antecesores perdieron varios instrumentos líticos hace 12 000 años dejando evidencias de su indudable tránsito por las playas y los valles del norte de Baja California; por eso se considera “zona” de influencia del descubrimiento toda la California.

Asombroso.

Las puntas Clovis son artefactos líticos (de piedra) característicos de la Cultura Clovis: se identifican por su forma lanceolada. Los filos son paralelos o tienden a ser convexos, su manufactura requirió de la aplicación cuidadosa de presión a lo largo de todo el costado. La base de la punta es cóncava y las caras generalmente presentan una acanaladura. La base del objeto generalmente es más gruesa que los filos y la punta. Se han encontrado en numerosos sitios en América del Norte y están asociados al período Paleoamericano, alrededor de hace 13 500 años.

MAPA Los puntos rojos muestran los hallazgos de puntas Clovis en América. Fuente: http://paleoantropologiahoy.blogspot.mx/2013/02/la-cultura-en-america.html
MAPA Los puntos rojos muestran los hallazgos de puntas Clovis en América. Fuente: http://paleoantropologiahoy.blogspot.mx/2013/02/la-cultura-en-america.html

Los primeros descubrimientos documentados fueron en 1929 en la Ciudad de Clovis, Nuevo México, y por eso le da su nombre a esta cultura. Por supuesto esta también es una gran historia.

Un joven de tan sólo 19 años de edad llamado Ridgely Whiteman descubrió las primeras piezas arqueológicas características de la Cultura Clovis en 1929.

En 1932 en una excavación realizada por un equipo dirigido por Edgar Billings Howard de la Universidad de Pensilvania descubrieron los restos de un asentamiento indígena del Pleistoceno (división de la escala temporal geológica, comienza hace 2,59 millones de años y finaliza aproximadamente hace 12 000 años). Según la datación por el Carbono 14 al material encontrado, el periodo correspondiente oscila entre hace 13 250 a los 12 600 años.

Edgar B. Howard y John Lambert Cotter examinan puntas Clovis de Blackwater Draw, Nuevo Mexico. Los huesos de un mamut fósil aparecen en el fondo. http://www.ansp.org/explore/online-exhibits/stories/ice-age-discovery/
Edgar B. Howard y John Lambert Cotter examinan puntas Clovis de Blackwater Draw, Nuevo Mexico. Los huesos de un mamut fósil aparecen en el fondo.
http://www.ansp.org/explore/online-exhibits/stories/ice-age-discovery/

Se han identificado con seguridad elementos de la Cultura Clovis dispersos en Baja California, Sonora, Montana, Arizona, Florida y Venezuela y en muchas otras partes.

 

Hace 10 000 años. Cultura Sandieguito.

En San Diego, arqueólogos encontraron evidencias de presencia humana de hace aproximadamente 10 000 años. Estos antiquísimos habitantes han sido ahora clasificados para su estudio como Culturas San Dieguito I, II y III, provenientes de los desiertos del suroeste norteamericano. Recolectaban semillas y frutos, cazaban y utilizaban cuchillos de piedra y raspadores.

Apunta el maestro Miguel León-Portilla en la obra ¨Visión histórica de la frontera norte de México, Volúmen 1¨ en su apartado ¨El Noroeste: Baja California¨: Los primeros habitantes de la península llegaron hace por lo menos 10 mil años en diversos grupos, y es posible ubicar sus movimientos gracias a descubrimientos aislados de depósitos costeros de conchas, mejor conocidos como ´´concheros´´, situados en las inmediaciones costeras del litoral septentrional del Océano Pacífico, donde los arqueólogos encontraron restos orgánicos en diversos estratos sobrepuestos, mediante su estudio han deducido el parentesco cultural de aquellos grupos del sur de California (San Diego) y el suroeste de Arizona con los de la zona de nuestro interés.

Y no por insistir pero esto lo corrobora Julia Bendímez Patterson, directora del Instituto Nacional de Antropologia e Historia (INAH) en Baja California, una de las arqueólogas más destacadas en el tema al describir el hábitat de entonces:. ¨…La península fue habitada desde hace por lo menos 10,000 años… distintas sociedades se movilizaron desde el norte, adentrándose por la ´´boca´´ del territorio peninsular… arribaron durante fines del pleistoceno y se desenvolvieron en un clima templado… pleno de vegetación. De lagunas, arroyos y lagos, donde la fauna, ahora extinta, pervivía… (en esta) etapa geológica se formaron grandes masas de hielo en los hemisferios, afectando así los climas… Estos cambios no se dieron de la noche a la mañana, antes transcurrieron varios milenios. Las sociedades que vivieron la etapa de mayor transición de finales del pleistoceno y principios del holoceno (ya entrando a la época actual) son… paleoindígenas… sociedades de cazadores de la megafauna, portadores de una tecnología que se evidencia en el estado de Baja California principalmente a través del complejo arqueológico San Dieguito¨ destaca en su apasionante ensayo ¨Antecedentes históricos de los indígenas de Baja California¨.

http://ref.uabc.mx/ojs/index.php/ref/article/viewFile/419/645

Arqueóloga Julia Bendímez Patterson, directora del Instituto Nacional de Antropologia e Historia (INAH) en Baja California, a la derecha, en el Sitio Arqueológico Vallecitos. Foto: INAH-BC.

En la actualidad, se estima que los grupos llamados San Dieguito-Playa (o San Dieguito) existieron aproximadamente entre 10 000 y 7 000 años atrás (dentro del periodo Arcaico temprano).

Otras expresiones culturales de donde también ´´irradian´´ grupos ya plenamente locales son Pinto-Gypsum dividido en dos periodos: Pinto, vivieron de 7 000 a 3 000 años atrás (correspondiendo al periodo Arcaico medio), y Gypsum, de entre 2 000 y 2 500 años atrás hasta hace 600 a 1 000 años (Arcaico tardío). La fase Amargosa vendrían a constituir otra etapa pre-cerámica anterior al Prehistórico tardío, que en el suroeste y norte de la península se desarrolla hasta el año 900, es decir hace 1 100 años. El complejo Yumano existe desde hace aproximadamente 900 a 1 000 años, según se estima en el ensayo ¨Los orígenes del Arcaico Gran Mural (Baja California, México): Testimonios arqueológicos y propuestas¨ presentado por Ramón Viñas, Xosé-Pedro Rodríguez, Albert Rubio y Larissa Mendoza, en el III Simposio Internacional ¨El hombre temprano en América¨ del Instituto Nacional de Antropologia e Historia, Universidad Nacional de México, el Instituto de Investigaciones Antropológicas y el Museo del Desierto A.C.

El Complejo San Dieguito se encuentra clasificado dentro parte de la Etapa Lítica, esto es, los siglos transcurridos entre los más antiguos indicios de actividad humana en México (llegada del hombre a América) y el desarrollo de las culturas sedentarias de los grupos nativos, considerados entre los más importantes grupos de nómadas del Noroeste de México y Suroeste de Estados Unidos, eran productores sistematizados de herramientas de piedra, madera y concha; representadas por sitios con una antigüedad superior a los 8 mil años.

La aventura San Dieguito comienza con el descubrimiento por parte del arqueólogo norteamericano Malcolm Rogers, en la primera mitad del siglo XX, del Sitio Harris, ubicado en las orillas del Río San Dieguito en el Condado de San Diego, California.

De ahí debe su nombre.

Posteriores estudios en el Lago Mojave, California, fueron mostrando la gran extensión del complejo por los estados de California y Arizona, en Estados Unidos, y Baja California y Sonora en México. Estos sitios están asociados al inicio de un periodo muy húmedo conocido como Anathermal o Pluvial, al término del Pleistoceno, que es la primera del período cuaternario de la era cenozoica, precede al Holoceno; se extiende desde hace unos 2 millones de años hasta hace unos 10,000 años.

La mayoría de los sitios descubiertos han sido superficiales; en todos, los artefactos se han encontrado sobre o en pavimento del desierto. Las excepciones son Ventana Cave, en Arizona; Sitio Harris, en California y el sitio Ignacio Zaragoza, en Baja California, tierra adentro, a la altura de El Descanso, en los linderos entre Playas de Rosarito y Ensenada..

Una de las características más importantes de estos grupos son tanto sus artefactos como sus modos de producción, según explicó el especialista e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia Antonio Porcayo Michelín en su ponencia ¨El complejo San Dieguito analizado desde el sitio Ignacio Zaragoza, Ensenada, Baja California¨, presentada en el Museo Nacional de Historia durante el Seminario de Arqueología del Norte de México, el 16 de Agosto del 2006.

fuente: http://www.xaguaro.com/MemoriasCD/page2/styled-10/styled-16/index.html

 

Artefactos característicos. Cultura San Dieguito:

1. Cuchillos finamente trabajados.

2. Puntas de proyectil con forma de luna creciente con talla bifacial muy bien lograda.

3. Gran variedad de raspadores de domo en alusión a su forma.

Y sus características socioculturales:

1. Alta especialización en la caza y procesamiento de animales y vegetales, evidenciada por la repetición sistemática en la elaboración y formas de sus herramientas, cada forma para un uso específico.

2. El modo de producción especializada era ampliamente respetado.

3. Su forma de pensar no se repetirá en culturas posteriores de Baja California.

4. Las formas de los artefactos no son repetidas en periodos posteriores, ni en complejos contemporáneos costeros.

5. Escasez o ausencia de instrumentos de molienda (metates).

6. Ausencia de pequeños proyectiles

7. Ausencia de cerámica.

El Ejido Ignacio Zaragoza se ubica al norte del Valle de Guadalupe en el municipio de Ensenada, a la altura de Puerto Nuevo, Rosarito, Baja California, México. Foto del autor.

Sitios arqueológicos tipo ´´sandieguito´´ y ´´delajollano´´ en Baja California, según M. Rogers.

 

¿Cómo reconocer un complejo San Dieguito?

1. La primera y más importante característica es su ubicación en antiguas orillas de playas fósiles, ahora vastos desiertos, o cuencas parcialmente secas.

2. Artefactos utilizados fuera de los campamentos;

3. Artefactos usados para consumo y procesamiento de alimentos.

4. Aldeas provisionales o permanentes;

5. Cercanía del sitio a yacimientos de la materia prima.

6. Materia prima de buena calidad.

Este complejo ha sido incluido en la Tradición de los Lagos Pluviales Occidentales “por su recurrencia en las orillas de los lagos secos posglaciares”, como es en el caso de la Laguna de Chapala en Baja California. Ya que este tipo de contexto es también frecuente en los hallazgos de puntas acanaladas, se ha sugerido, por un lado, que la población San Dieguito probablemente seguía un patrón de asentamiento y subsistencia similar al de los Clovis, con una predilección por la caza evidenciada en la marcada ausencia de piedras de molienda. Por otro lado, el declive en la producción de puntas de proyectil y el aumento de la manufactura de tajadores y raspadores reflejan una creciente importancia del procesamiento de los recursos vegetales.

Los integrantes del Complejo San Dieguito desaparecieron o se fusionaron con nuevos grupos. Ignoramos su destino, pero algunos autores sugieren fusiones con otros grupos.

 

Hace entre 10 000 y 11,500 años. Arlinton Springs Man, digo, women, digo Man. El Arlinton Springs Man… La ¨Ruta Costera¨…

Otros arqueólogos se inclinan por la teoría de la “ruta costera”. En 1960, al norte de San Diego encontraron en una isla llamada Santa Bárbara una osamenta humana de hace por lo menos entre 10,000 y 11,500 años, la llamaron primero Arlinton Springs Man y después Arlinton Springs Women según avanzaron los estudios: primero lo declararon hombre, luego una mujer, y por último, comprobaron su masculinidad. Son los restos más antiguos jamás descubiertos en América del Norte. Impresiona la cercanía del hallazgo; prácticamente esta región cuenta con una antiquísima presencia humana. Santa Rosa pertenece a un sistema de islas, en la edad de hielo fueron una sola, a sólo ocho kilómetros de la costa. Nuestros antecesores, llamados “paleoindios”, construían embarcaciones capaces de cruzar a la isla, sosteniendo así la teoría de la “migración costera”.

Fuente: http://www.mednscience.org/download_product/1630/0

Balsa. Museo de Historia de Ensenada INAH-BC.

Remo. Museo de Historia de Ensenada INAH-BC.

 

Hace 7000 años.

Puntas de proyectil tipo El Descanso.

Foto del autor

Según una ficha en el Museo de Historia de Ensenada del INAH-BC ¨Son grandes puntas de forma foliácea con lados o márgenes con múltiples huestas (denominadas) Tipo Descanso, precisamente porque en esta zona del Pacífico Norte fue el primer lugar donde se reportaron y donde han sido más abundantes. Su distribución va del noroeste de Baja California al suroeste de California…¨, fueron más utilizadas por lo menos hace 7 mil años en la cacería de mamíferos terrestres y marinos de gran talla.

El Descanso, en la actualidad. Foto del autor.

6000-1000 AC.

La ¨Cultura de los Concheros¨. ¨Complejo De la Jolla¨ o ¨Delajollanos¨ *

Las oleadas posteriores de antepasados pudieron haber entrado por dos rutas; desde el oeste por el sur de California, (con) asentamientos orientados al mar, como la cultura La Jolla. La segunda posibilidad era una entrada por el noroeste a través del desierto, donde predomina una economía de caza como en la cultura Amargosa o Pinto-Gypsum, que se manifiesta del paralelo 30° N hasta la región del Cabo.

La fascinante información del capítulo delajollano se basó enteramente en la espléndida tesis ´´Análisis Historiográfico del Contexto Arqueológico de los Grandes Murales de Baja California. Reflexiones sobre su situación crono-cultural´´ de Larissa Mendoza Straffon para su licenciatura en arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, en el 2004.

En el Sur de California y norte de Baja California, inmediatamente tras la desaparición del pueblo San Dieguito, Rogers identificó la entrada de un nuevo grupo mediante una serie de depósitos de concha que parecen tener continuidad hasta tiempos históricos y estratigráficamente se dividen en tres fases. La última de esas etapas muestra un origen yumano, mientras las dos anteriores corresponden a la cultura La Jolla.

La tradición Encinitas está representada en Baja California por la cultura La Jolla: Manifestación arqueológica del suroeste de California y Baja California datada en cerca de 6000-1000 Antes de Cristo. Primero descrita en 1939 por MJ Rogers, la llamó ¨Cultura de los Concheros¨.

La Tradición Delajollana está caracterizada por piedras de molienda, discoidales y dentadas. Muchos sitios La Jolla son concheros situados alrededor de lagunas.

Metate y ¨mano¨ auténticos expuestos en el Museo de Historia de Ensenada del INAH-BC. Foto del autor.

Acumulaciones de concha asignadas a esta cultura se han localizado en la costa del Pacífico desde Santa Bárbara, California hasta Ensenada y las inmediaciones de Rosario, en Baja California. En la zona de San Diego y norte de la península, al parecer la cultura La Jolla permaneció hasta 1000-1500 Después de Cristo donde posteriormente fue reemplazada o absorbida por los antecesores de los Diegueño y grupos yumanos históricos.

Fuente: https://www.academia.edu/5898099/An%C3%A1lisis_Historiogr%C3%A1fico_del_Contexto_Arqueol%C3%B3gico_de_los_Grandes_Murales_de_Baja_California_Reflexiones_sobre_su_situaci%C3%B3n_crono-cultural

Materiales típicos La Jolla:

1. Metate cóncavo.

2. Manos de formas variadas.

3. Lascas de piedra tallada.

4. Tajadores crudos hechos de cantos rodados.

5. Puntas de proyectil de madera.

Estas características sugieren una dependencia fundamental de la recolección de semillas y moluscos. En 1968 Moriarty dató concheros a lo largo de la costa peninsular del Pacífico, de Tijuana a Rosario. Las fechas más tempranas se obtuvieron en los sitios Punta Cabras (6400+200 AP), bahía San Quintín (6165+250 AP) y Punta Minitas (7020+260 AP, 6140+250 AP) donde se reportaron además metates y otros artefactos atribuibles a La Jolla, así como un entierro flexionado aparentemente sin alteración fechado en c. 5500-7000 Antes del Presente. Rogers menciona también la presencia de entierros primarios en concheros habitacionales La Jolla, especialmente durante su primera fase.

(2,500-1,500 a. p.)

 

Salvamento arqueológico del Arcaico Medio/Tardío

Según un comunicado fechado el 27 de Julio del presente por parte de de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, durante el primer semestre de 2016 se efectuaron excavaciones de salvamento arqueológico en un conchero por donde pasará un gasoducto denominado Ramal a La Jovita, en Jatay, en los límites de Ensenada y Rosarito.

La investigación en la zona se remonta a 1991 cuando los arqueólogos Jesús Mora y Carlos Rodríguez registraron los campamentos concheros identificados como 36 (Rancho San Nicolás) y 37 (Costa Azul), donde posteriormente, entre los años 2004 y 2005 se realizaron salvamentos arqueológicos coordinados por Arturo Márquez y César Berkovich.

Recientemente los arqueólogos Manuel Pérez Rivas y María Flores intervinieron varios concheros en el proyecto Salvamento arqueológico denominado C.C.C. Baja California III (La Jovita).

El sitio, identificado como conchero número 16, excavado en el marco de este salvamento denominado Ramal a La Jovita, se ubica en la localidad arqueológica La Jovita/Jatay, 35 kilómetros al norte del puerto de Ensenada, mide 90 metros de largo por 30 de ancho y se ubica en una terraza natural de origen volcánico en la costa, al noreste está delimitada por elevaciones por debajo de los 100 metros de altitud, mientras al poniente la costa rocosa se ubica a una distancia aproximada de 800 metros.

Las excavaciones han revelado una compleja secuencia ocupacional, los pozos estratigráficos mostraron una deposición cultural de hasta 60 centímetros de profundidad, mientras en las excavaciones extensivas se detectaron áreas de procesamiento y consumo de moluscos, integradas por restos de hogueras, lajas de basalto utilizadas como mesas de trabajo, acumulaciones de conchas de abulón (Haliotis sp.) y mejillón (Mytilidae) y diversos tipos de herramientas de piedra.

A juzgar por los contextos arqueológicos y los materiales recuperados, la principal ocupación del sitio pertenece a lapsos temporales del periodo Arcaico Medio/Tardío (2,500-1,500 a. p.), mientras que en un sector ubicado al norte del sitio se recuperó una interesante muestra de restos osteológicos faunísticos de desecho alimenticio en asociación con tiestos cerámicos cuya presencia indudablemente ubican una de las últimas ocupaciones hacia el periodo conocido regionalmente como Prehistoria Tardía (1,500 a.p.-s. XVIII).

Entre los diversos objetos recuperados se encuentran raspadores, raederas (instrumento duro, áspero o cortante, para quitar lo que sobresale, como pelos, sustancias adheridas), navajas, denticulados, punzones de hueso y ornamentos de concha.

Destaca el hallazgo de una interesante colección de puntas de proyectil, varias de ellas del tipo La Jolla caracterizados por tener aletas basales conformadas por muescas laterales y bases cóncavas.

En cuanto al abastecimiento de materias primas para la manufactura de herramientas de piedra un análisis preliminar de artefactos y desechos de talla muestra que los antiguos habitantes del sitio explotaron cantos rodados de andesita, riolita, basalto y pedernal procedentes de las quebradas que surcan la zona.

Destaca el hallazgo de dos entierros humanos primarios ubicados cada uno en distintas áreas del sitio, se trata de un individuo infantil y un adulto, ambos en excelente estado de conservación, sepultados de acuerdo a la tradición funeraria del complejo arqueológico conocido localmente como La Jolla (periodo Arcaico), esto es en posición flexionada en decúbito lateral y con rocas encima.

Actualmente las abundantes muestras de conchas y material lítico están en proceso de clasificación y cuantificación, a su vez se enviarán a un laboratorio especializado muestras de concha para análisis de datación por radiocarbono y corroborar la cronología del sitio.

Las excavaciones arqueológicas se concentraron en el derecho de vía de la obra cuyo ancho se acotó al mínimo para impactar la menor cantidad de superficie del sitio, a su vez el resto del sitio (aproximadamente un 60% del área total) se conservará como reserva arqueológica.

 

Hace 3 000 años. Dominadores del fuego

Nuestros antepasados tenían pleno dominio del fuego: usaban diferentes tipos de fogones y técnicas; practicaban la caza y la pesca mediante técnicas específicas. Conocían las rutas y el uso de muchísima herramienta: flechas, lajas, manos de metate, pesas para la pesca, arpones y redes. Eran artistas, por ello la existencia de pintura rupestre; las últimas investigaciones de los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) lo confirman.

La zona sur de Playas de Rosarito y norte de Ensenada, además de hermosa, se encuentra llena de evidencia de la ocupación prehispánica: según Instituto Nacional de Antropologia e Historia, han encontrado más de 100 campamentos estacionales de familias de cazadores recolectores y pescadores datados en 3 000, 1 700 y 1 200 años de antigüedad.

Iniciada en 2010, la investigación es realizada por la arqueóloga Enah Montserrat Fonseca Ibarra, bajo el proyecto denominado Estudio de campamentos en la línea costera y valles intermontanos de Baja California, en un área de estudio del sur de Playas de Rosarito a Punta Banda y a la Sierra de Juárez. Se trata de 104 sitios costeros y cinco en los valles montañosos de la comunidad indígena kumiai de San Antonio Necua, en el Cañón de los Encinos.

De entre los costeros se seleccionaron 16 con mayor potencial arqueológico en la región de Bajamar; tres fueron explorados en la temporada 2012. Descubrieron una gran cantidad de huesos de animales, deshecho de conchas, manos de metates, herramientas de piedra y 13 fogones de tres diferentes tipos.

De acuerdo a dataciones por radiocarbono (permite conocer la edad de muestras orgánicas de menos de 45 000 años) realizados por la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del Instituto Nacional de Antropología e Historia, dos de los tres sitios excavados corresponden al periodo Arcaico; uno data de 2 864±75 años atrás, y el otro de 3 254±77 años atrás. A estas fechas corresponden la época Arcaica (9 500 a 3 500 años atrás) y la época de la Prehistoria Tardía (3 500 a 400 años atrás).

Los campamentos costeros presentan concentraciones de conchas de moluscos asociados a morteros fijos tallados en roca, metates, fogones, artefactos trabajados en hueso o concha, y herramientas de lítica para la práctica de la cacería y la pesca. Tierra adentro disminuye la cantidad de valvas, pero en San Antonio Necua (Valle de Guadalupe) se localizaron vestigios arqueológicos de similares características, pero vinculados a petrograbados y pintura rupestre.

Los campamentos tienen características diversas: algunos son muy ricos en concentración de concha, lítica y hueso; unos llegan a medir 20 metros mientras otros apenas llegan a los cinco metros de diámetro, con poco material. Otros pertenecen al periodo Arcaico, y probablemente corresponden a grupos nómadas establecidos por largo tiempo, en comparación con los pertenecientes a la Prehistoria tardía.

Las diferencias entre fogones son importantes, porque indica la diversidad de formas o fases en la preparación y conservación de los alimentos. También lograron identificar particularidades en los fogones: «Detectamos unos hechos con una cama de piedra; otro tipo es el clásico, colocaron rocas en círculo sin nada al centro, el tercer tipo fue elaborado colocando una especie de lajas y encima piedras circulares», dictaminó Fonseca Ibarra.

La arqueóloga también identificó la reutilización de espacios: por los vestigios, dada la sobreposición de elementos arqueológicos, visualiza a grupos nómadas regresando años después a sus campamentos por la presencia de herramientas escondidas entre los afloramientos; por ejemplo, las manos de metate (piedra utilizada para moler) la escondían durante su ausencia para recuperarla al regresar.

En uno de los tres concheros excavados predominan los restos de peces; en otro hay más mamíferos (lobo marino, ballena, delfín), seguramente recolectados al varar en la playa; del tercer conchero aún continúa el análisis. Tomaron muestras del sedimento encontrado al interior de los fogones para conocer el tipo de combustible usado. También se encuentra en proceso el análisis osteológico (de los huesos) con el fin de identificar las especies animales de los restos obtenidos.

Explica Montserrat Fonseca la importancia del análisis: «Los tipos de especies indican las estrategias de pesca; por ejemplo, hay especies de algas en zonas donde no se pueden meter redes, esto nos refiere a captura por medio de anzuelos, para cazar otras especies más grandes usaron arpones; así definimos las técnicas de captura utilizadas».

De la concha se examinan especies y peso: preferían tallas chicas (de 1 a 5 centímetros) de abulón negro y mejillón. Asociadas a los fogones encontraron vértebras de pescado (ennegrecidas por efecto del fuego), dos puntas de proyectil y una pesa usada en la pesca para sumergir redes o anzuelos. También registraron el proceso completo de manufactura de herramientas de piedra tallada, núcleos de piedra, percutores, lascas, raspadores, pulidores, cuchillos, perforadores, entre otros.

La segunda parte de la investigación implicó valles intermontanos en la comunidad indígena kumiai de San Antonio Necua, en el Cañón de los Encinos, donde se registraron cinco sitios arqueológicos del periodo llamado Prehistoria tardía. «Guardan muy buen estado de conservación al estar protegidos por la propia comunidad». Descubrieron objetos de industria lítica tallada y pulida, cerámica, gran cantidad de morteros, metates fijos de la época prehispánica y objetos del siglo XIX.

Cerca de esta comunidad se registró un sitio con pintura rupestre de edad indeterminada. El mural tiene una sobreposición de motivos: la primera fase se caracteriza por figuras antropomorfas y manos en tonos rojos, y la siguiente etapa se distingue por diseños geométricos elaborados en color negro.

(Boletín Centro INAH Baja California).

Foto: INAH-BC

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3 000 al 2 500 años. Ocupación costera desde finales del Arcaico

Hay evidencias de las prácticas mortuorias de los antiguos pobladores y también son muy particulares. Restos de cráneo, húmero y tibia con indicios de incineración probablemente para evitar el saqueo, restos de vasijas y caracoles, y otras dos osamentas antiguas, fueron descubiertos durante las obras de ampliación de la carretera federal en Playas de Rosarito a finales del 2010, según la investigación del arqueólogo Fernando Oviedo García del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El descubrimiento confirma la ocupación continua de grupos humanos en esta región costera desde finales del periodo Arcaico (hace 3 000 – 2 500 años) y Prehistoria Tardía (hace 2 500 años al siglo XIX). (1)

“La comprobación de una ocupación constante es un dato novedoso, se pensaba que El Morro era un conchero muy antiguo, ahora sabemos que siguió habitado en la época misional”.

El tratamiento mortuorio descubierto consistía en poner el cuerpo del fallecido directamente al fuego pero algunos fragmentos resistían la acción de las altas temperaturas, las depositaban en el interior de vasijas de cerámica para enterrarlas en otro punto.

El especialista ha identificado con anterioridad otros sitios en la región costera pacífica de Baja California donde se practicaba la cremación, como El Vallecito, ubicado en la parte norte de la Sierra de Juárez, donde ubicó por lo menos tres puntos donde cremaban a los muertos. Ahí, se acostumbraba prender los cuerpos hasta reducirlos totalmente a cenizas y los huesos que no eran consumidos por el fuego eran depositados en ollas.

Esta práctica fue común en el periodo tardío de ocupación indígena de los grupos seminómadas usuarios de campamentos estacionales a lo largo del año, por lo tanto no tenían un lugar fijo para enterrar a sus muertos, al incinerarlos evitaban el saqueo por otros grupos o animales.

La otra forma de enterramiento identificada corresponde a finales del Arcaico (hace 3 000 – 2 500 años), los cuerpos fueron depositados directamente en el terreno. Se identificaron en dos puntos sin ofrendas. Estos hallazgos corroboran la ocupación continua de El Morro, de finales del Arcaico a la época misional.

El Morro ya había sido excavado en 2004 con motivo de la realización de obra pública, encontraron restos humanos datados en laboratorio con una antigüedad de 3 770+/-15 años. Asociados a estos entierros encontraron metates, piedras de molienda, huesos de ballena trabajados a manera de remos o palas y área de fogón.

En ambos hallazgos se recuperó una cantidad significativa de desechos de conchas de mejillón, abulón, almeja, huesos de peces, ¨manos¨ de piedra, artefactos para la fabricación de estos instrumentos y puntas de flecha.

1. (Boletín Centro INAH Baja California).

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Periodo Arcaico (3 000 – 2 500 años)

Corresponde a la etapa denominada Holoceno, cuyas etapas tienen tres estadios: Anatermal (8000/7000 al 5000 AC), Altitermal (5000 al 2000 AC) y Mesotermal. Su inicio coincide con el fin de las glaciaciones, fenómeno que generó modificaciones climáticas y por ende, de flora y fauna. Los cambios fundamentales experimentados fueron el derretimiento de los hielos, por lo tanto, subida en escala del nivel del mar, alteración en las lluvias, esto es, disminución y como consecuencia, alteraciones en la flora y la fauna que derivó en la extinción de ciertas especies como el mamut, el mastodonte, ciertos felinos y otros. (2)

Instalado en pleno centro histórico de la ciudad y de fácil acceso, el Museo Histórico de Ensenada cuenta con una sección dedicada al Periodo Arcaico con auténticas, interesantes y esclarecedoras piezas. También reciben visitas por internet en la siguiente línea: http://www.inah.gob.mx/paseos/museoensenada/ donde también ofrecen las descripciones acerca de la exposición:

¨En esta sala se muestra el florecimiento de los sitios en las zonas costeras, los concheros, definidos como grandes concentraciones de deshechos de moluscos y otros recursos marinos consumidos por el hombre, cuya antigüedad oscila entre los 7500 a 1500 años. Cinco vitrinas concentran algunos de los elementos más representativos de este Periodo. Una muestra de cuchillos, raspadores y objetos de hueso introducen a las técnicas en la industria lítica y ósea. Pipas, tablas ceremoniales y artefactos tallados en hueso son evidencia de las costumbres funerarias prevalecientes. El esqueleto de un individuo recuperado al noroeste de Baja California plantea las características físicas predominantes de la población. (3)

(1)

(2) Lee todo en: El Periodo Arcaico | La guía de Historia http://www.laguia2000.com/la-prehistoria/el-periodo-arcaico#ixzz4Oq3ldQt9

(3) línea: http://www.inah.gob.mx/paseos/museoensenada/

 

(De hace 1,500 años a 1,590 d.C.) Prehistoria tardía

Collar elaborado en roca y concha asociado a cremación de un niño de 9 a 12 años de edad en el área de Algodones.

Museo Histórico de Ensenada INAH-BC Foto del autor

Prácticamente la conquista y la formación de nuevas y complejas sociedades en la región basadas en estas nuevas relaciones es el final tajante del periodo conocido como Prehistoria Tardía. También se ha propuesto definir este corte a la aparicón del papel escrito: ´´La prehistoria (del latín præ-, «antes de», y de historia, «historia», este último es un préstamo del griego ιστορία, «historia, investigación, noticia») es, según la definición clásica, el período de tiempo transcurrido desde la aparición de los primeros homininos, antecesores del Homo sapiens, hasta que tenemos constancia de la existencia de documentos escritos¨ (2).

Para comprender con más facilidad las particularidades de este periodo es necesario visitar el Museo Histórico de Ensenada en pleno centro histórico de la ciudad, con fácil acceso, un hilo narrativo sostenido por piezas auténticas y excelentes montajes. También reciben visitas por internet en la siguiente línea: http://www.inah.gob.mx/paseos/museoensenada/

Ahí encontramos piezas auténticas y documentadas como metates y manos de molienda y una balsa de Sequoia recuperada de San José de El Faro da cuenta de la importancia de las actividades marítimas para los grupos del periodo denominado Prehistoria tardía.

2. https://es.wikipedia.org/wiki/Prehistoria

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Hace 1,000 años. Una vasija kumiai

En Baja California existen cuatro grupos indígenas en la región a la llegada de los europeos: cucapá, pai-pai, kiliwa y kumiai, descendientes de los primeros pobladores yumanos. De acuerdo con el Instituto Nacional Indigenista, los kumiai también pueden ser llamados “kamiai” o “kímiai”. Llegaron a estas tierras del sur de California y el norte de nuestro estado hace aproximadamente 1,000 años. Es el grupo prehispánico más tardío en afincarse en estas tierras.El hallazgo en 2009 de una vasija con incisiones, cuyos diseños son iguales a los de las pinturas rupestres datadas en los años 1 000 a 1 500 de nuestra era, ubicó al pueblo yumano como creador de objetos de cerámica, aseguró el arqueólogo Antonio Porcayo Michelín, hablando de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años en la región a través de un comunicado del Centro Cultural Tijuana, lugar donde se encuentra la pieza.

En la vasija se encuentran símbolos de origen kumiai con un notable paralelismo al arte rupestre de sitios kumiai tan importantes como El Vallecito y otros de la Sierra de Juárez. Fue descubierta en el Ejido Ignacio Zaragoza del Valle de Guadalupe en Ensenada por el lugareño Francisco Velázquez Ramírez, quien la entregó al personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La pieza está íntimamente ligada a la tradición alfarera yumana; en ella es posible observar las incisiones en la circunferencia de la olla. Es posiblemente una vasija ritual con los símbolos de varios linajes kumiai, como si se tratara de una reunión de clanes o linajes. La importancia de la pieza radica en la evidencia aludida mediante los símbolos, al ser los mismos observados en pinturas rupestres. Aparentemente también aparece la marca o firma del creador y dueño de la vasija.

En opinión de la arqueóloga Gena R. Van Camp corresponde a la cultura kumiai.

Generalmente, lo que Clavijero escribe está en consonancia con los datos etnohistóricos consignados en otras fuentes o derivados de investigaciones posteriores. Así, por ejemplo, asienta que en toda la península no se halló una sola vasija de barro, pero añade luego en una nota que el padre Consag, en un viaje al norte en 1746, «halló algunas vasijas de tierra entre algunos gentiles que habitaban en la costa hacia los 31 grados».

Recordemos que Playas de Rosarito se encuentra en el grado 32.

Sobre este hecho, señala Francisco Xavier Clavijero en su obra Historia de la Antigua o Baja California: «Sospecho que aquellos gentiles hubieron las tales vasijas de otro pueblo más septentrional…».

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1460 a.C. Hace más de 500 años La Mujer de Jatay

Es difícil establecer fronteras para periodos específicos cuando no encontramos una historia compuesta por accidentes aislados y/o determinantes. Hay también la suma de lo “por descubrir” siempre la más difícil de calcular. Afortunadamente los vínculos con el pasado pueden ser estudiados a profundidad. Por medio del análisis osteobiográfico podemos “reconstruir la vida de las antiguas poblaciones desaparecidas”. Lo que nos permite conocer sus usos y costumbres, acercarnos a sus vidas.

“La Mujer de Jatay”, uno de los más conocidos fenómenos arqueológicos de la región fue revelado al excavar un conchero en la zona de Jatay, en los alrededores de la zona limítrofe de Playas de Rosarito y Ensenada. No nada más es “una mujer”, sino dos, “hombre” y “mujer”. Por medio de estudios especializados los científicos han logrado acercarse a las difíciles pero fascinantes condiciones de vida de estos antiguos pobladores de Baja California.

Por el desafortunado fallecimiento de la arqueóloga responsable Magdalena Raina Sánchez en la década de los ochenta, el reporte del proyecto quedó inconcluso: se trataba de la excavación de un conchero clasificado como Sitio 38 Bajamar Nivel IV.

Según la proyección del radiocarbono, en el año 1460 después de Cristo, ella, la “Mujer de Jatay” rondaba los 40 años. Medía 1 metro con 59 centímetros. Tenía los dientes desgastados. Un golpe ligero en su cráneo “alargado” (dolicoide). El antebrazo presenta “marcas de trabajo intenso. * Las rodillas y pantorrillas marcan largos periodos en posición de cuclillas. Tenía “espondilolisis”, una enfermedad de la columna vertebral que afecta la parte baja de la espalda. Y, según las marcas de la pelvis, alguna vez tuvo un hijo.

* A las marcas con relación músculo y hueso los especialistas las llaman “entesopatías”.

Trabajo y género en la Antigua Baja California. Análisis osteobiográfico de los esqueletos del Jatay. Juan Martín Rojas Chávez. Revista Camino Real Misionero de las Californias. Páginas 34, 35 y 36. Número 6. Septiembre del 2009.

 

 

La historia de la nación kumiai

 

Subían los hombres a los cerros y las mujeres también, subía con ellos un anciano para irlos orientando… enseñándoles lo bueno y lo malo, el respeto, no sólo a la persona, sino… a la naturaleza… Tú cortas leña, pero no tumbes el árbol verde: el árbol verde consérvalo, porque es oxígeno, te está dando muchas cosas, ése no lo destruyas… Nosotros no destruimos, amamos la naturaleza…

Josefina López Meza mujer kumiai de Peña Blanca.

 

1 000 años atrás

Según Ken Hedges, del Museo del Hombre de San Diego, tomando en cuenta estudios sobre clima, flora y fauna de la época, pudieron haber vivido en la región unas 20 000 personas: 10 000 luiseños al norte de San Diego y otros 10 000 al sur, abarcando parte de lo que hoy es Tijuana, Ensenada y Rosarito.

En Baja California, además, existen cuatro grupos indígenas poblando la región a la llegada del hombre europeo: cucapá, pai-pai, kiliwa y kumiai, descendientes de los primeros pobladores yumanos.

De acuerdo con el Instituto Nacional Indigenista, los kumiai también pueden ser llamados “kamiai” o “kímiai”. Llegaron a estas tierras del sur de California y el norte de nuestro estado hace aproximadamente 1,000 años. Es el grupo prehispánico más tardío en afincarse en estas tierras.

Los indígenas kumiai originalmente vivían en el norte del estado y el sur de California, desde el océano Pacífico hasta el Valle Imperial, y desde el condado de San Diego en Estados Unidos hasta los límites del territorio pai-pai en San Vicente y Santa Catarina en Baja California. Su territorio se encuentra ubicado en la esquina noroeste del estado de Baja California, principalmente en Tecate, con ocupaciones importantes en Ensenada y Playas de Rosarito.

El grupo pertenece a la familia lingüística yumana, llamaban “Wa-cuatay” o “Uácatay”, al paraje donde hoy se encuentra Playas de Rosarito, principalmente alrededor del Arroyo Rosarito.

Estimaciones especializadas fijan en 5 000 los habitantes antes de la llegada de los españoles.

Con respecto a su forma de organización encontramos: Lo que «daba cohesión a la ranchería indígena era básicamente la familia, al no formar pareja con un miembro de ella, buscaban en otras rancherías o en los ranchos o pueblos aledaños».

Prácticamente eran un grupo de bandas seminómadas de veinte a cincuenta miembros emparentados entre sí, organizados en pequeñas bandas semisedentarias de linaje patrilineal; formaban parte de grupos más grandes al entrar en guerra con otros grupos. A su “kuseyaay”, anciano curandero en posesión de conocimientos ambientales y tradicionales, le adjudicaban la abundancia tanto de recursos naturales como de cosechas. Tenían un amplio conocimiento del territorio y obtenían sus alimentos de los recursos del medio ambiente. Sabían perfectamente las temporadas de maduración de las plantas y la reproducción de las especies animales. Básicamente eran recolectores de productos silvestres, además cazadores y pescadores, con asentamientos temporales dentro de un gran territorio comprendido entre la franja costera, la sierra y las zonas áridas.

La nación kumiai se encontraba más avanzada en su cultura con respecto a otras naciones de la península cuando el proyecto colonizador por fin llegó a la zona: conocían la cerámica y la cestería, elaboraban harinas a partir de la bellota y la jojoba, eran cazadores y pescadores, y navegaban en ríos, lagos y mar en sus balsas de tule atado.

Desarrollaron una tecnología para sobrevivir aprovechando el ecosistema costa, montaña y desierto. Es importante destacar su dominio del fuego y otro tipo de prácticas. De acuerdo a investigaciones sembraban alimentos para sí mismos y para los animales de los que se alimentaban. Al parecer inducían la proliferación de pastos cuyas semillas recolectaban después.

Los miembros del grupo, de acuerdo a la temporada de cosecha de algún alimento o para la pesca, se trasladaban a otros sitios de la zona de influencia kumiai. Para el acceso a sus recursos, los indígenas fueron trazando un camino a los lugares donde había alimentos silvestres, como bellota, piñones, agave, frutas y semillas de estación, y donde podían encontrarse conejos, venados y ratas. Conocían bien el terreno, ya que lo habían recorrido recolectando frutos y cazando por la sierra y el valle, bajando al océano Pacífico hasta “Jasay” (Rosarito) por productos marinos.

Durante este tiempo la población fue bastante exigente con los recursos naturales. Tenían un gran conocimiento del ecosistema, los ciclos geoclimáticos, la topografía, el microclima, la flora y la fauna.

Este sistema de vida requería traslados constantes, por eso se han conocido como nómadas y seminómadas. En primavera recolectaban trébol, mostaza, tule, lechuga silvestre; en verano, frutas, cerezas silvestres; en otoño, semillas, jojoba, bellotas de encino; en invierno se dedicaban a la pesca y a la recolección de mariscos, y cazaban conejo, venado, codorniz, ardillas, ratas y guilotas.

Su dieta era rica también gracias a la diversidad florística de la región. Era una milenaria tradición bajar durante el invierno a la costa en búsqueda del marisco cuando en la sierra escaseaba el alimento. Permanecían temporadas en Guacatay o “Uácatay” para aprovechar las fuentes de agua y alimentarse de los recursos propios de la costa: abulón, choros, almejas, langosta y cangrejos…

En invierno, una gran cantidad de indios kumiai acudían a la recolección de semillas a los bosques de encinos en lo que ahora conocemos también como Vallecitos, donde se concentran principalmente resguardos rocosos con pintura rupestre y restos en la superficie de los materiales utilizados por los grupos que ocuparon el lugar. hace por lo menos 1 000 años, recolectaban una gran cantidad de alimentos de la zona: frutos, semillas, raíces, hojas, pencas, bellotes y piñones, los molían en metates y morteros tallados en las rocas.

Se trata de un claro entre la serranía, conformado por afloramientos rocosos de tipo granítico, y dos lomas pequeñas que corren en dirección norte sur, una al este y otra al oeste del lugar; estas dos elevaciones lo protegen de los vientos y lo hacen parecer resguardado de forma intencional. El espacio entre las lomas presenta evidencias materiales de una mayor ocupación por los grupos ocupantes.

Según la información manejada por el Instituto Nacional de Antropologia e Historia, en El Vallecito, de una altura de 1 300 metros sobre el nivel del mar, había un bosque de pinos piñoneros explotado por los kumiai de la región durante el verano. Se ubica en las inmediaciones del poblado de La Rumorosa, al extremo norte del estado, y es de gran relevancia a nivel arqueológico. El alimento debió abundar en esa época, motivando la reunión de muchas familias para realizar celebraciones, intercambios y rituales.

El sitio presenta básicamente evidencia de ocupación humana antigua a través de la presencia de pintura rupestre en resguardos rocosos, desechos de material lítico, restos de antiguos fogones y algunos fragmentos cerámicos. Concentra una importante cantidad de pinturas rupestres en un espacio relativamente pequeño, además de ser la única zona arqueológica abierta oficialmente al público en Baja California con toda una infraestructura para recibir y atender a los visitantesEstos grupos dejaron constancia de su presencia en el lugar mediante diversos dibujos en las paredes y techos de resguardos rocosos, o en los muros exteriores de los resguardos, en grutas y pequeñas cuevas donde se establecieron campamentos estacionales y talleres de lítica. Son pinturas y grabados en los que las figuras antropomorfas son esquemáticas y geométricas, generalmente pequeñas, de las que se cree son firmas familiares con la finalidad de establecer zonas fronterizas tanto para el resguardo como para la recolección y la cacería.

 

Muerte en la prehispanidad

Hay evidencias de las prácticas mortuorias de los antiguos pobladores. Restos de cráneo, húmero y tibia con indicios de incineración probablemente para evitar el saqueo, restos de vasijas y caracoles, y otras dos osamentas antiguas, fueron descubiertos durante las obras de ampliación de la carretera federal en Playas de Rosarito a finales del 2010, según la investigación del arqueólogo Fernando Oviedo García del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El descubrimiento confirma la ocupación continua de grupos humanos en esta región costera desde finales del periodo Arcaico (hace 3 000 – 2 500 años) y Prehistoria Tardía (hace 2 500 años al siglo XIX). “La comprobación de una ocupación constante es un dato novedoso, pues se pensaba que El Morro era un conchero muy antiguo, ahora sabemos que siguió habitado en la época misional”.

“Este tratamiento mortuorio consistía en poner el cuerpo del fallecido directamente al fuego hasta consumirse, sin embargo, algunos fragmentos resistían la acción de las altas temperaturas quedando partes que depositaban en el interior de vasijas de cerámica para enterrarlas en otro punto…”, explicó Oviedo.

El especialista ha identificado con anterioridad otros sitios en la región costera pacífica de Baja California donde se practicaba la cremación, como El Vallecito, ubicado en la parte norte de la Sierra de Juárez, donde ubicó por lo menos tres puntos donde cremaban a los muertos. Ahí, se acostumbraba prender los cuerpos hasta reducirlos totalmente a cenizas y los huesos que no eran consumidos por el fuego eran depositados en ollas.

Esta práctica fue común en el periodo tardío de ocupación indígena de los grupos seminómadas usuarios de campamentos estacionales a lo largo del año, por lo tanto no tenían un lugar fijo para enterrar a sus muertos, al incinerarlos evitaban el saqueo por otros grupos o animales.

La otra forma de enterramiento identificada corresponde a finales del Arcaico (hace 3 000 – 2 500 años), los cuerpos fueron depositados directamente en el terreno. Se identificaron en dos puntos sin ofrendas. Estos hallazgos corroboran la ocupación continua de El Morro, de finales del Arcaico a la época misional.

El Morro ya había sido excavado en 2004 con motivo de la realización de obra pública, encontraron restos humanos datados en laboratorio con una antigüedad de 3 770+/-15 años. Asociados a estos entierros encontraron metates, piedras de molienda, huesos de ballena trabajados a manera de remos o palas y área de fogón.

En ambos hallazgos se recuperó una cantidad significativa de desechos de conchas de mejillón, abulón, almeja, huesos de peces, ¨manos¨ de piedra, artefactos para la fabricación de estos instrumentos y puntas de flecha. (Boletín Centro INAH Baja California).

San José de la Zorra

Hoy los kumiai viven de forma permanente en las rancherías de Junta de Nejí, en La Huerta, San Antonio Necua, San José de la Zorra y en algunas reservaciones indígenas del sur de California en los Estados Unidos. Se le denomina San José de la Zorra a este poblado, ya que “perjau” significa zorra en lengua kumiai, y los misioneros lo complementaron con San José.

 

 

Misioneros

1683 Isla o península

Gentilidad: Falsa religión profesada por gentiles o idólatras. Conjunto y agregado de todos los gentiles.

Secularización: Es el paso de algo o alguien de una esfera religiosa a una civil o no-teológica. También significa el paso de algo o alguien que estaba bajo el ámbito o dominio de una doctrina religiosa (siguiendo sus reglas o preceptos) a la estructura secular, laica o mundanal. La secularización también se refiere al proceso experimentado de algunos estados o territorios cuando diversas instituciones y bienes pasan de la esfera religiosa a la civil. Con la secularización, lo sagrado y lo religioso se hacen más privados y ceden su preeminencia pública a la sociedad en general.

 

Marzo, Abril y Mayo de 1683

Dice Miguel León Portilla, uno de los historiadores expertos en el tema peninsular:

El descubrimiento de esa tierra estuvo ligado con la figura de Hernán Cortés. Y nueva paradoja había también en ello. El gran personaje conquistador del poderoso estado azteca, fracasó a pesar de diez años de reiteradas empresas, en sus propósitos de colonizar la hostil península. Esta nunca se abriría a quien quisiera penetrar en ella con las armas (…) Pero en resumidas cuentas grandes caudales y grandes esfuerzos se invirtieron en vano. Bien andado ya el siglo XVII ni siquiera se sabía a punto fijo si el país californiano era isla o península (…) Eusebio Francisco Kino (…) casi tres años estuvo en la península desde Marzo de 1683. Las noticias que trajo fueron el postrer incentivo que determinó la bien organizada empresa de los jesuitas. Salvatierra, Ugarte y Píccolo superaron dificultades y allegaron los recursos necesarios.

A la llegada de los europeos en el siglo XVI, los kumiai ya ocupaban el territorio que después de 1848 pasó a ser el suroeste de los Estados Unidos de América y el noroeste de México. Quedaron divididos al trazarse la nueva frontera geopolítica entre los dos países, después de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, no obstante las relaciones de parentesco permanecieron vigentes.

 

1697

Los rumores cunden en Europa: la península (Baja California) es inconquistable. A los 49 años de edad José María Salvatierra, jesuita italiano, fue el primer occidental en fundar una misión permanente bajo el nombre de Nuestra Señora de Loreto, tras vencer numerosos obstáculos externos e internos de la compañía de Jesús.

El reino no ocultaba su resistencia a participar en una conquista dudosa y los mandos regionales temían perder reputación y credibilidad ante la necesidad de recursos humanos considerables, barcos veloces y abastecimiento permanente y subsidiado por tiempo indefinido. Para esos años (finales del siglo XVII) también la percepción novohispana era muy negativa. Tras tantos intentos de conquista a través de los siglos el veredicto es común: nadie puede conquistar la península.

Cuando por fin el virrey José Sarmiento de Valladares, marqués de Moctezuma, al frente del gobierno virreinal de 1696 a 1701, autorizó al padre Salvatierra iniciar el proyecto le preparó una gran sorpresa: no contarían con fondos oficiales; eso sí, debería tomar posesión de los territorios a nombre del soberano, pero el principal financiamiento lo encontrarían en donativos particulares. A cambio cedía amplias consideraciones para los padres: autoridad militar, control de la población, monopolio de la navegación y de la extracción de perlas.

Así, los padres jesuitas eran reacios a cualquier novedad en el acuerdo original, obstaculizando la fundación de pueblos y minas en las siete décadas de su presencia.

«El sueño del misionero (…) tener un grupo de indígenas con el que trabajar en la cristianización sin la presencia de extraños se había cumplido» (León Portilla).

 

1746

Generalmente, lo que Clavijero escribe está en consonancia con los datos etnohistóricos consignados en otras fuentes o derivados de investigaciones posteriores. Así, por ejemplo, asienta que en toda la península no se halló una sola vasija de barro, pero añade luego en una nota que el padre Consag, en un viaje al norte en 1746, «halló algunas vasijas de tierra entre algunos gentiles que habitaban en la costa hacia los 31 grados».

Recordemos que Playas de Rosarito se encuentra en el grado 32.

Sobre este hecho, señala Francisco Xavier Clavijero en su obra Historia de la Antigua o Baja California: «Sospecho que aquellos gentiles hubieron las tales vasijas de otro pueblo más septentrional…».

La arqueología corrobora hoy su afirmación. No andaba errado el viejito pues. Se refería por supuesto, si no al pueblo kiliwa, al kumiai.

 

Descubrimientos

3 de Febrero 1768

Tras decreto real, los misioneros jesuitas abandonan sus misiones de la Baja o Antigua California.

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1 de Abril de 1768

Toman posesión de la Baja o Antigua California los franciscanos. La Baja o Antigua California la conocemos hoy como Baja California Sur.

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24 de Julio de 1768

Los dominicos inician las gestiones en Madrid, España, con el fin de obtener el permiso para evangelizar en la península. Esta fecha es importante ya que fue este grupo de religiosos a quienes correspondió la fundación de las misiones en cuya zona de influencia se establecieron Ensenada y Playas de Rosarito.

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Del 6 Febrero al 28 de Marzo de 1769. La segunda partida

Este año es crucial en la historia de estas tierras, donde posteriormente se desarrollarían las ciudades Rosarito, Ensenada, Tijuana y San Diego: era la nación kumiai, un territorio con al menos 20 000 habitantes totalmente adaptados al entorno al arribo de Occidente. Conocemos los primeros contactos, testimonios y descripciones de los nativos a los diarios escritos por los integrantes de la segunda partida de la expedición de conquista de San Diego. Ante el temor por los intentos rusos por establecer vías comerciales al norte de la península le entró el apuro al rey, decretó la conquista de San Diego, Monterrey y San Francisco. Tanto funcionarios como religiosos organizaron una expedición cuádruple (dos equipos por tierra y dos equipos por mar) para asegurar el triunfo de la conquista; de esa manera si fallara alguno, o dos, o tres equipos, siempre cabría la posibilidad del éxito para alguno de los cuatro.

Organizada en una expedición cuádruple, participaron soldados, misioneros y colonos para establecer colonias en la Alta California, específicamente en San Diego y Monterrey (California). Gaspar de Portolá fue un buen administrador y un buen capitán; encabezó la expedición planeada por el visitador del Virreinato de Nueva España, José de Gálvez y Gallardo.

Joan Crespí Fiol (1721–1782) fue un misionero franciscano español nacido en Mallorca y explorador de toda la península y el suroeste estadounidense. Tenía 48 años de edad cuando salió de su misión el 26 de Febrero para unirse a los de su grupo. Previo al viaje de la conquista llegó a América en 1767, luego a la península de Baja California para ponerse a cargo de la Misión Purísima Concepción. En 1769 se unió a la expedición de Gaspar de Portolá para ocupar San Diego y Monterrey. En 1770 fundó la Misión San Carlos Borromeo de Carmelo, hoy en día Carmel, su sede principal. Era capellán de la expedición al Pacífico norte, llevada a cabo por Juan Pérez en 1774. Sus memorias, publicadas en 1927, son un valioso testimonio de estas expediciones.

El 22 de Marzo de 1969 Crespí llegó a Vellicatá, último baluarte fronterizo con la gentilidad, donde terminaban de preparar la expedición, cada uno con lo suyo. La salida estaba prevista para el día 24. Como capellán, Crespí antes de la partida procuró confesión y comunión para los expedicionarios. Por otro lado, al igual que éste, Serra salió de su misión de Loreto el día 28 de Marzo para unirse con el comandante gobernador, Gaspar de Portolá, que le estaba esperando en Vellicatá.

La expedición, repartida en cuatro partes, inició en Enero de 1769 con la salida de los navíos San Carlos y San Antonio desde La Paz.

A continuación salieron dos expediciones por tierra, una de ellas encabezada por Gaspar de Portolá, quien llevaba en la expedición a fray Junípero Serra, el cual partió desde Loreto (Baja California Sur).

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9 de Marzo de 1769 La primera partida

En la primera partida fue designado Crespí como capellán y diarista; el pilotín José de Cañízares también formaba parte de la expedición con la finalidad de escribir un puntual diario. Así, tenemos apuntes del camino de la conquista de San Diego, de puño y letra de los misioneros Crespí y Serra y del pilotín Cañízares, para la cual debieron cruzar el norte de Baja California y el sur de San Diego. Hay mucha información pues, de los encuentros entre estos occidentales y las antiguas tribus kumiai con las que se encontraron en el camino.

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La segunda partida

Al frente de la segunda partida terrestre iba el gobernador Gaspar de Portolá (Gaspar de Portolá Rovira, en catalán: Gaspar de Portolà i Rovira, Os de Balaguer (provincia de Lérida), 1716 – Lérida, 1786, según wikipedia) fue un militar, administrador colonial y explorador español. Noble de nacimiento, fue soldado, gobernador de California (tanto de la Baja como de la Alta) desde 1767 hasta 1770, explorador y fundador de San Diego y Monterrey, en California. En su vida militar estuvo destinado en Italia y en Portugal.; iba en su compañía fray Junípero Serra y el sargento José Francisco de Ortega. También formaban parte de la expedición varios soldados de cuera, criados e indios de las misiones, a cargo de las numerosas mulas usadas para transportar víveres, enseres, telas y agua. El grupo había salido de Loreto el 9 de Marzo de 1769, siguiendo los pasos de la primera partida.

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24 de Marzo de 1769. Los integrantes de la segunda partida.

Del 2 al 11 de Mayo estuvieron en esta tierra. Se conoce perfectamente la ruta seguida por la Primera Partida, y muchas de sus aventuras por los diarios, según datos publicados por el reconocido historiador W. Michael Mathes, fray Juan Crespí y el pilotín José de Cañízares, 25 soldados y 40 nativos comenzaron a abrir el camino a San Diego. Siguiendo la ruta establecida por Linck en 1766, la expedición cruzó la Sierra de San Pedro Mártir y finalmente llegó al sitio de San Telmo el 14 de Abril. Continuaron hacia la costa y llegaron a San Bernabé (San Vicente) el 17 de Abril, a Santo Tomás el 22, a Ensenada el 2 de Mayo, a San Juan Bautista (San Miguel) el 9 de Mayo, a San Antonio (El Descanso) al día siguiente, al Vallecito de San Pío (Rosarito) el día 11 de Mayo y a San Pablo (Tijuana) el 13 de Mayo.

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Los diarios de la conquista

Por su interés histórico y emocionante relato, publicamos fragmentos de los diarios de José de Cañízares, fray Juan Crespí y fray Junípero Serra a su paso por estas tierras. Para ahondar en el tema nada como el artículo de Salvador Bernabé Albert (1769) Por tierra nada conocida. El diario inédito de José de Cañízares a la Alta California, y La Primera Entrada, Descubrimiento del Interior de la Antigua California, un importante recopilatorio documental de Carlos Lazcano Sahagún, donde encontramos el diario de Crespí. En ambas obras se encuentra la mayor parte del material publicado en este capítulo. En este preciso punto de la historia los conquistadores se encuentran en las inmediaciones de la actual ciudad de Ensenada, acercándose paulatinamente a las tierras ahora habitadas por los rosaritenses, descubriendo parajes y ojos de agua, encontrándose con kiliwas y kumiais, registrando todo meticulosamente en sus diarios, viviendo el día, maravillándose…

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23 de Abril de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

A las ocho de la mañana salimos de este paraje ejecutando el rumbo del noroeste cuarta al norte y, habiendo andado como una legua y media, llegamos a otro paraje que hace un valle en el que se halla el agua en ciénaga y una poza de donde sale el agua caliente y, dejándola enfriar, es bien delgada. Está todo rodeado de muchos encinos y alisos, y, según dicen los inteligentes, puede formarse una buena misión en San Francisco Solano por lo próximo que están estos dos parajes, y puede ayudar la siembra de éste a la de aquella misión. Es bien capaz para mantener cosecha y ganado, el cual se dedicó a san Jorge. Salió el capitán con los exploradores y, habiendo venido, me dijo cómo había visto el mar y en él una gran ensenada con una isla, la que discurro será la de la ensenada de las Vírgenes [primera mención a la Ensenada de Todos los Santos], y que la sierra corría hasta fenecer en la mar. Quedamos sin novedad, guardando las órdenes que da el capitán para de noche. Hoy caminamos una legua y media. Cuando llegamos a este paraje, de lo alto de un cerro nos llamaban dos gentiles, pero, aproximándonos, se huyeron [éste sería el primer encuentro con indios kumiai].

Día 24 de Abril de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Esta noche la hemos pasado con bastante cuidado por haber la caballada dado dos estampidas. Se mandaron a los exploradores fuesen a ver si había algún abra (lugar sin árboles en un bosque, monte o selva, o entre dos montañas para transitar la sierra), los que vinieron a las doce y dijeron que había camino y agua distante de nosotros como tres leguas. Esto fue causa de no salir esta tarde por no arriesgarnos a que nos coja la noche en el camino y que nos suceda algún accidente no esperado. En este paraje hemos visto cuatro casas de indios y quedamos con el cuidado de las órdenes del capitán.

Día 25 de Abril de 1769. Amanecimos lloviendo…

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Amanecimos lloviendo, por lo que nos impidió el que saliéramos, habiendo llevándose hasta las tres de la tarde en la misma conformidad. La mañana de este día, una mula que uno de los soldados de vela tenía amarrada, amaneció con un flechazo, no pudiendo averiguar de los centinelas quiénes lo darían por estar del real ciento cincuenta pasos distante la mula, a la que se le sacó y sigue buena. El no salir este día es por lo muy mojados que estamos y tener las mismas precauciones que el antecedente día, y quedamos sin novedad con las órdenes y centinela avanzada que ha puesto el capitán.

Día 26 de Abril de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

La noche antecedente nos llovió, poniéndonos en cuidado la caballada por haber dado tres estampidas. A las diez de la mañana salimos por encima de unos cerros, ejecutando el rumbo del nordeste. A poco torcimos al nornordeste y, cuando bajamos a la cañada, torcimos al norte. A las dos y media llegamos a un arroyo, que se dedicó a los Mártires [fray Juan Crespí dedicó el arroyo a los santos mártires san Cleto y Marcelino, y el padre Serra, a san Gervasio], el que corre al oesnoroeste, el que estaba bien abastecido de encinos y alisos, pero de poca agua por no tenerla más que en pozas. Se hallan dos cerros vestidos de ramajos; no tiene cosa especial. Caminaríamos tres leguas. Quedamos sin novedad, observando las órdenes del capitán.

Día 27 de Abril de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

De mañana se mandaron a los soldados exploradores para ver si se encontraba camino y agua. Estos llegaron a las nueve y dieron noticia de que parecía abría la tierra para poder caminar, [y] que no daba esperanza de encontrar agua por estar toda la tierra seca y estéril. Esto nos obligó a cargar el agua en botas y barriles, y a las once de la mañana salimos de este arroyo de los Mártires ejecutando el rumbo del norte. Se adelantó el capitán con diez soldados para ver si encontraban agua, pero, habiendo andado como dos leguas, se hallaron cercados de la sierra, que por todos los rumbos del primer y cuarto cuadrante no daban paso para poder transitar. Esto nos movió a hacer mansión en un pedazo de llano a propósito para poder formar el real [Crespí llamó al paraje: “el Bajial sin Agua”], en donde paramos a las dos de la tarde sin agua. A esta hora salieron los soldados exploradores a ver si podían transitar la sierra. A la noche llegaron y dieron noticia de que no habían encontrado paso por ser todo un conjunto de cerros ásperos que fenecen en barrancos, y que no habían podido bajar por cerro alguno, impidiéndolo lo expresado. Quedamos sin novedad, guardando las órdenes del capitán para de noche.

Día 28 de Abril de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Salieron con la orden del capitán los soldados exploradores, y yo en su compañía llevando el encargo de ver la mar y la isla marcarla, y el cabo de la escolta de buscar aguaje y camino. Y habiendo llegado a la playa, vi una isla, la que relevé y debía ser la de Todos Santos, sobre la ensenada de este nombre; pero hallábamonos confusos por tener un mapa mal situado. Se encontró camino y una legua distante del paraje un ojo de agua. Al anochecer vinimos al real, dándole esta noticia al señor capitán. Quedamos sin novedad, observando sus órdenes con el cuidado de la caballada.

Del diario del fray Juan Crespí:

De buena mañana salieron los exploradores a ver si por otro rumbo encontraban agua, que ya se necesitaba bien, y al mismo tiempo el señor comandante ordenó fueran seis soldados con el pilotín don José Cañízares, supuesto no dar paso la sierra, si podían divisar de más cerca de lo alto de los cerros, la gran ensenada que de un cerro cerca del paraje de San Jorge había visto, para saber si por ella se podría caer a la playa, y si encontraban agua para proseguir el camino.

Todo este día gastaron en esta exploración, y encontraron un ojito de agua como media legua antes de este paraje, y los de la ensenada dieron razón que todavía de lejos, de lo alto de un cerro la habían visto, que parecía tenía algunas islas, y que no dudaban daba paso por la playa, pero que no habían visto aguaje alguno.

Día 29 de Abril de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Salimos para el aguaje que demoraba al oesudueste, en donde, habiendo caminado una legua, paramos a sus inmediaciones [Crespí lo llamó el “Ojito de agua del arroyo de San Pedro Mártir”, y fray Junípero Serra, “Santa Miguelina”, o “Micaelina”, en la actualidad se conoce como el aguaje de la Yerbabuena, en el arroyo de la Rinconada, en el extremo suroeste del valle de los Gavilanes]. La noche pasada dio la caballada dos estampidas, lo que nos pone en mucho cuidado. No salimos hoy por lo muy necesitada que está de agua la mulada. Quedamos sin novedad, guardando las órdenes del capitán, el que salió a las dos de la tarde para la playa a cerciorarse de lo que llevo expuesto.

Del diario del fray Juan Crespí

De buena mañanita salimos del dicho Bajial y anduvimos como media legua para el ojito de agua que ayer encontraron en esta cercanía, que está en un arroyo muy frondoso de encinos y alisos, y tiene bastante zacate. Aunque el ojito mana bastante agua, no podían beber en él los animales, y a la gente no le faltaba mucho para lo mismo. Abrieron batequi y manó la muy superabundante para todo, con que gracias a Dios quedamos remediados. Púsele a este paraje el Ojito de Agua del Arroyo de San Pedro Mártir. A este paraje puso o nombró el padre presidente Santa Micaelina…

Día 1 de Mayo de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Se celebró el santo sacrificio de la misa y a la una de la tarde salimos ejecutando el rumbo del oesudueste para salir a la marina. Habiendo andado como tres leguas, paramos el real a las inmediaciones del mar [en un bajial a una legua de la playa, bautizado por Crespí como: “el Bajial de los Santos Apóstoles”, en la parte norte del valle de Maneadero]. Cuando bajamos a la playa, vimos una gran polvareda de gentiles. Esto y el recelo que teníamos de que la gentilidad estaría cargada a la marina, dispuso el capitán hacer con los aparejos en resguardo un recinto provisional de atrincheramiento.

Quedamos con todo cuidado y seis centinelas, siendo la una avanzada.

Del diario de fray Juan Crespí:

Día de los santos apóstoles San Felipe y Santiago. Después de dicho misa, y oídla todos, salimos de este arroyo y ojito de agua de San Pedro Mártir, tomando el rumbo del oes sudoeste, cargando agua con los dos barriles y botas, porque dijeron no se podía llegar al aguaje de la ensenada. La caminata fue de como cinco horas, todo por barrancas muy penosa de subidas y bajadas. Como a una hora de andar, de una eminencia ya vimos el deseado mar de la contracosta, y la ensenada. Bajamos ya al último reventón para la ensenada, y paramos el real en un bajial, ya tierra llana para la playa, como a una legua antes. Al bajar la última cuesta oímos gritar a unos gentiles que venían haciendo una gran polvareda por la ensenada, siguiendo el mismo camino y rastro de los exploradores de ayer; así que los gentiles nos vieron, se volvieron como venados por el mismo camino que habían traído. Andaríamos tres leguas. Púsele el Bajial de los Santos Apóstoles (Norte de Maneadero) sin agua, una legua antes de la ensenada. Tiene mucho y excelente zacate.

Día 2 Mayo de 1769. Ensenada.

Del diario del pilotín José de Cañízares:

A las seis y media de la mañana salimos ejecutando el rumbo del norte [y] nornoroeste en demanda del aguaje, al que llegamos a las nueve y media de la mañana, habiendo caminado a los expresados rumbos tres leguas de tierra llana. Próximos a la marina reconocimos el aguaje [Crespí lo bautizó “La Santísima Cruz de las Pozas de la Ensenada de Todos Santos”, y fray Junípero Serra, “Visitación de María Santísima”, «por que ya se me hace largo el tiempo de dedicar algún paraje a María Santísima»], ser bueno, abundante y cercano a la playa, junto a una punta que forma un puerto resguardado del viento noroeste, paraje cómodo para hacer aguada. Al mediodía tomé su altura, estando al lesnordeste de dos islas que deben ser las de Todos Santos, cuya latitud es de 32 grados, 26 minutos. Quedamos sobre el cuidado de la caballada, habiendo a puestas del sol formado en nuestro resguardo con los aparejos un atrincheramiento. En lo alto de un cerro se han mantenido unos gentiles dando gritos, por lo que ordenó el capitán poner guardias dobles armados con sus cueras, y todos al cuidado de los indios.

Día 3 Mayo de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

No salimos por no tener paraje conocido y salieron los exploradores a buscar paraje para la jornada venidera, los que a las diez llegaron y dieron noticia de que en la punta del norte de esta ensenada habían encontrado un aguaje. A la tarde salió el señor capitán a ver si la tierra prometía tránsito dejando la marina, que vino al ponerse el sol con el cuidado del real por haber visto algunos indios, y uno tan atrevido (que a no ser el cuidado con que siempre se camina, pudiera haber sucedido algún daño), pues, estando al abrigo de unos ramajos, reflejaron en que había puesto una flecha en el arco y que lo iba a enarcar contra el propio capitán. Quedamos con el cuidado que pide el caso, intimando el capitán a sus soldados lo que deben practicar si llega la ocasión de disparar, quedando dos centinelas avanzadas y la caballada próxima a nosotros con seis soldados en vela armados.

Del diario de fray Juan Crespí:

Día tan solemne como de la Ascensión del Señor. Después de dicho misa y oídla todos, a las nueve de la mañana encaminamos nuestro camino por el nornoroeste, dejando ya este paraje, y dando vuelta a una ringlera de cerros que forman la ladera de este primer seno de la ensenada, y en menos de una hora de camino, nos volvimos hallar en la misma orilla del mar, y por ella proseguimos lo restante de la caminata, que toda ella fue como de tres horas y media, todo el camino bueno llano, y de tierra tiesa, hasta dar contra un cerro que finaliza dentro del mismo mar, y tiene en su falda un bajial muy verdoso, con varias pozas de agua dulce y buena. Y aquí paramos el real, y cerca habían encontrado los exploradores una numerosa ranchería, y llegados la hallamos desamparada.

Cuando llegó el padre presidente estaban los gentiles, y estuvieron con ellos todo el día con sumo gusto. Son gentiles de bello talle, de porte, afables, y muy alegres, y quedaron todos muy enamorados de esta bella gentilidad. Les regalaron pescado y almejas, y fueron con sus canoítas al propósito a pescar para regalarles el pescado, le bailaron a su modo, y les decían que durmiesen allá dos noches. Las mulas les causaban mucho asombro y miedo, y estando en medio de los nuestros, muy confiados, si veían arrimarse mulas todos temblaban, y porque se las había oído nombrar, luego clamaban: mula mula, y se querían ir hasta que se levantaba alguno a apartarlas. Los hombres todos andaban desnudos, las mujeres honestamente tapadas. Los hombres traen su carcaje en los hombros, como suelen pintarlos, en su cabeza los más traen su género de corona, o piel de nutria, o de otra de pelo fino. Su cabello cortado en forma de peluquín, y embarrado de blanco y verde con aseo.

Púsele a este paraje las pozas de Santa Mónica. El padre presidente le llamó la Ranchería de San Juan.

(La comitiva salió de Ensenada de donde actualmente se encuentra la Calle 10. Es probable que retomaran el camino paralelo al mar donde ahora conocemos como punta El Morro. Todo este recorrido fue por donde ahora está El Sauzal, finalizando en arroyo del Carmen, donde en la actualidad se encuentra la comunidad de San Miguel o San Miguelito, doce kilómetros al noroeste de Ensenada). Nota de Carlos Lazcano.

Día 4 de Mayo de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Se dijo misa como el día antecedente y a las nueve salimos ejecutando el rumbo del nornoroeste en demanda de la punta del norte de esta ensenada, a la que llegamos a las once del día [el paraje en donde plantaron el real fue bautizado por fray Crespí como “las pozas de Santa Mónica”, Serra lo nombró “ranchería de San Juan”; en la actualidad el paraje, al noroeste de la ciudad de Ensenada, se conoce como San Miguelito], habiendo caminado tres leguas de tierra llana, y tomé al mediodía su latitud de 32 grados, 29 minutos, nordeste-sudueste con las islas de Todos Santos, corriendo las dos puntas de esta ensenada noroeste-sudeste, y en la punta meridional se contaban once farellones en cordillera. A la tarde vimos en un cerro diecinueve gentiles que nos gritaban armados con arcos y flechas. Esto nos puso en cuidado y el capitán distribuyó su gente por lo que pudiera suceder. Los gentiles se fueron y formamos el real en atrincheramiento, guardándolo las centinelas dobles por lo que pudiere acontecer.

Día 5 de Mayo de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

No salimos y fueron los exploradores con escolta y cabo a buscar camino, del que no trajeron noticia por habérselo impedido lo acantilado de los cerros que expiran en la propia mar. Quedamos con el cuidado del real. A la tarde se aparecieron los gentiles en el mismo cerro armados como el día antecedente, no mostrando otra cosa que querer pelear. Se fueron y se pusieron los centinelas dobles, guardando las órdenes que el capitán da para de noche.

Día 6 de Mayo de 1769

Del diario del pilotín José de Cañízares:

No salimos este día por carecer de paraje, el que fueron a buscar los exploradores con todo cuidado, quedando nosotros en el suyo. Estos vinieron y dieron noticia de haber encontrado un famoso valle distante de nosotros cuatro leguas, por lo que esperamos el día de mañana para salir en su demanda. Quedamos sin novedad, con las precauciones debidas, guardando las órdenes que da el capitán para de noche. Desde el día de ayer, exceptuando el padre, se han puesto todos, por carecer de víveres, a una ración tan limitada que sólo basta para no desfallecer, regulándose cada uno a ocho onzas de harina en dos tortillas diarias.

Día 7 de Mayo de 1769

Pronto ya estaban en lo que ahora son los límites Rosarito-Ensenada. La intensidad de la aventura, los encuentros con los nativos y las impresiones por los paisajes constituyen el núcleo de los diarios en esta etapa del viaje.

Islas Coronado

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Se dijo misa y a las siete y media salimos ejecutando el rumbo del norte-nornoroeste declinando al oeste, y, habiendo caminado como cuatro leguas, vimos en la mar una isla que debe ser la de los Coronados [Crespí recogió la vista de los Coronados, «que de lejos parecen una isla, y no son sino cuatro como dicen las historias»], demorándome al noroeste. Bajamos a un valle muy bien empastado que se dedicó a san Estanislao [el paraje, bautizado por fray Juan Crespí como san Estanislao, fue nombrado por el padre Serra de san Juan Bautista]. Luego como salimos del paraje, se aparecieron en un cerro los gentiles dándonos gritos. Proseguimos con todo cuidado y las armas prontas. Éstos llegaron a este paraje en donde nos hallamos, tomaron su común asilo, que son los cerros, y desde él nos gritaban haciendo ademanes de tirar flechas, disparando una hacia donde estaba la caballada. Estuvimos sobre las armas hasta que se fueron. Paramos el real al pie de un gran encino, que es de la madera que abunda este valle. Habiendo llegado a las once y media, quedamos sin novedad, guardando las órdenes del capitán para la noche bajo de dos centinelas en el atrincheramiento y cuatro en la caballada. Andaríamos cuatro leguas.

Del diario de fray Juan Crespí:

Domingo. Después de misa, a las siete y media de la mañana, salimos de estas Pozas de Santa Mónica, dejando esta ensenada, tomando el rumbo del norte para ir al aguaje que habían encontrado los exploradores.

Anduvimos un pedazo de arroyo muy pedregoso, y luego emprendimos una cuesta muy empinada y pedregosa. A como una hora de camino, volvió a descubrírsenos el mar cerca para la vista, pero bien lejos si nos empeñáramos a arrimarnos a él. Cruzamos un muy frondoso arroyo de alisos y encinos, pero sin agua.

En fin, a las cuatro horas y media de andar por varias cuestas y lomas, en que andaríamos cuatro leguas, llegamos a un grandísimo valle, hermosísimo de pasto, y en sus extremos de arboleda con su buen arroyo de agua, que se veía correr entre el tular que tiene, y poza de agua muy buena; sitio a lo que parece para otra muy buena misión. Tiene algunos encinos grandes, y paramos el real bajo de un muy grande y copudo encino, cerca del dicho arroyo. Púsele a este paraje el Valle de San Estanislao. Llegado a él, el padre presidente, le llamó San Juan Bautista. Está en la altura del norte de 32 grados y 18 minutos.

Por el camino en esta jornada, nos gritaron con gran algaraza una buena multitud de gentiles, todos desnudos, muy armados con su gran carcaje en los hombros, su arco y flechas en las manos, corriendo todos por las coronillas de los cerros que teníamos a la vista, y así nos fueron siguiendo casi toda la jornada, con gran gritería y algazara, accionando mucho con las manos. Luego de llegados a este paraje, nos vimos casi cercados de ellos, por todas las coronillas de los cerros que no están muy retirados, gritándonos como si nos predicaran, y accionando mucho de manos, con su arco y flechas en ellos, y contamos veinte y nueve gentiles por todos, y haciendo por todas partes ademanes como que nos querían disparar. El señor comandante encargó a todos que ninguno les gritara, por no entenderlos lo que nos dirían, antes bien el dicho señor comandante les hizo muchas veces señas que se vinieran al real sin miedo, enseñándoles abalorios y listones que les regalaría, y nunca atendieron a nada. Así nos tuvieron todo el día, hasta como cerca de meterse el sol, que dieron todos un fuerte alarido y se desaparecieron, y ya no se oyeron más en toda la noche.

En esta jornada, en el paraje de donde divisamos el mar, vimos también una isla no muy lejos, distinta de las dichas de la ensenada, y por lo que después vimos, son ya las cuatro islas de los Coronados, que están 6 leguas del puerto de San Diego, que de lejos parecen una isla, y nos son sino cuatro como dicen las historias.

Día 8 de Mayo de 1769. 3 flechas. Dos balazos.

Del diario del pilotín José de Cañízares:

A las siete y media de la mañana salimos de este paraje ejecutando el rumbo del oesnoroeste y, habiendo andado como dos leguas y media, llegamos a las cuatro de la tarde a descubrir un arroyo que desemboca en el mar, el que, no teniendo bajada por donde íbamos, nos fue preciso el retroceder y parar el real a sus inmediaciones [Crespí lo llamó: “la mesa de paraje de San Juan Bautista”] para el día venidero buscar bajada, por estar en una gran profundidad, el cual tiene hermosa vista. Todo el camino lo hicimos por unas lomas tendidas muy bien empastadas. Quedamos con todo cuidado observando las órdenes del capitán con centinelas dobles.

Luego como salimos del paraje, nos empezaron a seguir y gritar dos gentiles, apareciéndose (en el paraje donde la noche pasada habíamos puesto el real) veintisiete que también nos seguían. Hicimos alto, dando el capitán órdenes a sus soldados para que la recua y caballada viniera incorporada con el real. Luego como nos vieron parados, se subieron al cerro y, no siguiéndonos ninguno, proseguimos nuestro camino. Mas a poco rato se aparecieron en otro cerro próximo por donde íbamos cruzando, dando los mismos gritos que antes. Esto movió al capitán a parar, juntando recua y caballada, poniéndolas en conformidad de resguardo. Y para que no presumieran que les teníamos miedo, mandó el capitán a los soldados se pusieran las cueras, tomando la adarga en la siniestra mano y en la diestra cazadas las escopetas, formados todos en línea de batalla. Salió el capitán con seis soldados lanceros a aproximarse al cerro en donde los gentiles estaban acampados, los que le tiraron a dicho capitán y su escolta tres flechazos. Los nuestros, prontos, adargaron, cruzaron las flechas y el capitán le disparó un tiro al más atrevido de los indios, correspondiendo con otro un soldado, los que no habiendo dado en ningún indio, sólo con el sonido de la bala fue suficiente medicamento para quitarse de encima semejante padrastro, que nos ocupaba el cuidado y atrasaban las órdenes por tenerlos a la vista. Nos estuvimos mantenidos en esta conformidad como tres horas, hasta que se fueron los gentiles y nosotros a nuestro camino.

Del diario de fray Juan Crespí

A las siete y media de la mañana, salimos de este valle de San Estanislao, rumbo al oes noroeste. Luego que hubimos desamparado el paraje, oímos gritar con mucha algaraza al mismo número de gentiles que ayer. Bajaron una porción del cerro más inmediato en donde habíamos parado el real, empezaron a trastear y a reconocer todo aquello, y después, divididos, empezaron a correr, a coger las coronillas de los cerros de un lado y otro del dicho valle que seguíamos. Como a la media legua de andar, se nos ofreció subir un portezuelo, y subido éste, se nos ofrecía a muy poco, una estrechura entre unas lomerías, cuando observamos que los gentiles ya nos estaban, como dicen, encima, casi ya a tiro. Viendo esto, el señor comandante mandó que se parara y juntara la recua, y que todos los soldados se pusieran luego la cuera, y luego todos en ringlera, con las armas listas en las manos. En un instante estuvo asi ordenado, mandando a todos el señor comandante que ninguno chistase, sino todos a la mira. Los gentiles, que eran los mismos veinte y nueve de ayer, del mismo modo armados, así que vieron parados los nuestros, se pararon también a poco más de tiro, como la mitad de ellos repartidos a trechos en una loma mediana, y la otra mitad del mismo modo repartidos, en la ladera de un cerro que se le seguía a la loma: todos arco y flechas en mano, y puestas ya en las cuerdas, que no faltaba más que enarcar, mientras uno de ellos nos estaba voceando y gritando mucho, accionando mucho con las manos, señalando ya a una parte, ya a otra. Así estaríamos como media hora, estando así, se descolgó un gentil de la ladera del cerro, como que quería ir por detrás de unos matorrales en donde estaba la caballada, que estaba detrás de la ringlera de los soldados, en donde también estaba yo mirando en que pararía la fiesta.

Viendo esto el señor comandante, que también estaba en la misma ringlera (fila o línea de cosas o personas puestas en orden unas tras otras) de los soldados, se fue saliendo con otros cuatro soldados, poco a poco, arrimado a la ringlera de los soldados, hacia donde se iba descolgando el gentil, y se quedó allá en ringlera, con los cuatro, quedándose a mas de tiro. Y los predicadores predicando, y cuando se cansaba uno, entraba otro, y los nuestros sin chistar. Cuando tres de la loma, viendo no estaban a tiro, dispararon tres flechas por el aire, que todas tres fueron a caer muy pocos pasos de donde estaba el señor comandante, con otro soldado, les dispararon dos escopetazos y no hirieron, gracias a Dios, a ninguno. Así que los gentiles oyeron los dos tiros, no les alcanzaban las piernas para subirse a la coronilla del cerro que estaba inmediato a la loma. Subidos a lo alto, prosiguieron como antes en su algazara (ruido, griterío de gente alegre) y vocería, y nosotros parados, hasta que se debieron de cansar, y se asentaron, y cansados quizá de todo, dieron un grande alarido, y se fueron por detrás del cerro, y pasándose un buen rato que ya no se veían, se determinó proseguir el camino, el que proseguimos después de haber estado parados dos horas largas.

La jornada sería de tres horas y media, y andaríamos dos leguas, en que llegamos a avistar un valle muy verdoso, con muchísima agua, pero muy profundo y acantilado. Sin saber por donde se podía bajar, eran ya las tres de la tarde, y estábamos en una mesa muy espaciosa, a la misma orilla del mar, que tenía muchísimo zacate, y muchos mezcales. En ella paramos mientras buscaban por donde bajar y traer agua para la gente, y que la caballada ya la bebería al día siguiente de mañanita. Le puse la mesa del paraje de San Juan Bautista, como a una legua antes de bajar a dicho paraje.

Llegados a este paraje, vimos, a la coronilla de esta mesa, bastante retirados, a nuestros buenos gentiles, y contamos los mismos veinte y nueve, y hasta metido el sol no se desaparecieron.

Día 9 de Mayo de 1769

Los expedicionarios de la segunda partida han llegado ya al actual límite sur de Playas de Rosarito, la zona ahora conocida simplemente como La Misión. Fray Juan Crespí dedicó el valle a san Juan Bautista a petición del comandante Rivera y Moncada: «…esperando que con el tiempo sea una muy grande misión del santo precursor que reduzca a la santa fe a toda esta numerosa gentilidad». El vaticinio se cumpliría 18 años al fundar el valenciano dominico fray Luis de Sales la misión de San Miguel Arcángel el 28 Marzo 1787.

(Actual La Misión)

Del diario del pilotín José de Cañízares:

De mañana bajamos al expresado arroyo, que se dedicó a san Juan Bautista el que es paraje muy deleitable y ameno, teniendo todas las preeminencias para poder fundar una misión, hallándose el agua en poza rica y abundante, acompañándole a esto buenas tierras de humedad y siembra, con abundancia de árboles. Andaríamos para bajar a este paraje una legua. Luego como llegamos, los indios de una ranchería que está en esta cañada de diecisiete casas se fueron a un cerrito. Determinó el capitán ver si los podía granjear con algunas cintas y abalorios, lo que consiguió, arriesgándose dicho señor a ir al pie del cerro a ponerle estas bujerías. Luego como las vieron, bajó uno por ellas y en señal de paz pusieron en el propio paraje unas flechas en señal de agradecimiento. Habiendo entre ellos corrido la noticia, a poco rato bajaron al real indias, párvulos e indios, a los que, habiéndoles dado sus abalorios, quedaron entre nosotros muy contentos.

Este es el primer encuentro pacífico con los indios kumiai, a quienes ya habían visto en jornadas anteriores. Los nativos no demostraron belicosidad alguna; recibieron algunos regalos con gusto. (Nota de Carlos Lazcano).

Del diario de fray Juan Crespí:

De buena mañanita salimos de esta mesa, una legua antes de este paraje, siguiendo el rumbo del oes noroeste de ayer. A poco de andar llegamos ya a avistar el profundísimo y muy verde valle de ayer. Empezamos a bajar una larguísima y muy empinada cuesta, el andar ya más parecía resbalar que otra cosa, y todo en mero polvo, en que se atascaban todos los animales.

Así que empezamos a ver la frondosidad y verdor del valle, ya no parecía otra cosa que una misión formada, no sólo por la disposición del paraje, sino también por las muchas casas bien hechas de gentiles que por él estaban esparcidas.

Estaban muchos gentiles en sus casas, así que nos empezaron a oír por la cuesta, salieron todos y se empezaron a alborotar, corriéndose todos a unas lomas que estaban cerca. Se les hicieron señas que no tuvieran miedo, pero no atendieron, sino corriéndose todos a las lomas, y allí vimos se pararon algunos, y los demás ganaron una sierra muy alta que se sigue a las lomas, y allí vimos se pararon algunos, y los demás ganaron una sierra muy alta que se sigue a las lomas.

Al bajar nos divertíamos en mirar la hermosura de mucha tierra verde, un gran arroyo de agua, que corría al pie de la cuesta que bajábamos, mucha arboleda grande. En fin, acabamos de bajar, y fue necesario buscar por dónde se pudiese pasar un gran tular y juncial muy grande y frondoso, que no atascase porque estaba todo encharcado en agua. Pasamos éste y llegamos como a la mitad del llano, muy cerca de las casas de esta ranchería, en donde paramos el real. Este es en todas maneras un paraje muy excelente para una muy grande y abundante misión, y de mucha gentilidad muy afable y dócil.

Es una cañada, o por mejor decir, un grande valle al pie de unas muy altas sierras. Tiene muchísima tierra, toda muy buena y empastada de zacates verdes. Es paraje cercano a la playa, y hasta llegar a ella, por este mismo valle, puede tener como dos leguas, su anchor es bastante. Como a la medianía del paraje, tiene una grandísima poza, y de ella se forma un grande arroyo que a lo menos será un buey de agua, que corre llano abajo, y va a desaguar al mar, por un abra que hace la sierra y el valle, y en la playa forma estero, que en alta mar, como impedirá el corriente del agua se entra un estrecho en este llano, como vimos ayer de lo alto.

Muchas piezas de tierra están llenas de juncia muy alta y frondosa, y tule, y entre los zarzales muchas parras. Por la parte del norte sale una cañada, que después se divide en varios brazos según la varia disposición de los cerros, y toda está tupida de árboles grandes. A mi entender, de todos los parajes antecedentes, sobre ser muy excelentes, este es el rey de todos ellos.

A petición del señor comandante, le puse el valle de San Juan Bautista, esperando que con el tiempo sea una muy grande misión del santo precursor que reduzca a la santa fe a toda esta numerosa gentilidad. A este mismo paraje puso el reverendo padre presidente San Juan de Capistrano. La jornada de una legua, desde la mesa expresada antecedentemente. No pude observar la altura por muy nublado al medio día.

Intercambio de regalos

Volvamos a los gentiles de este paraje, que luego que nos sintieron bajar la cuesta, se corrieron todos de estas sus casas de su ranchería, y que unos se subieron a unas lomas inmediatas, y otros subieron la sierra que también no está muy lejos, como dije ya antecedentemente. Observamos, todo el tiempo de bajar la cuesta, como los de las lomas allí se habían quedado parados, bajo de unos árboles, y cansados allí se quedaron sentados mirándonos. Así que ya se hubo parado el real, el señor comandante los fue llamando vinieran al real sin miedo, mostrándoles unos listones, abalorios y otras cosas que los quería regalar. De los gentiles se paró uno, y empezó a hacer señas que el fuera allá con otro soldado, llevando los listones y una poca de manta. Así que el gentil vio que iba para allá, se bajó de la loma al llano, y antes de que el comandante llegase allá, de bien retirado, le hizo señas que se lo pusiese en el suelo, y que se fuese, que él lo iría a tomar. Así lo hizo dicho comandante, y se retiró al real. Así que ya se había ido, fue el gentil y tomó cuanto le habían puesto, y gritó al comandante, zafándose una red de pescar que llevaba en la cintura, y una flecha de su carcaje, y levantándolo en alto, lo clavó en el mismo paraje, y hizo señas al señor comandante que lo fuera a tomar, y el gentil se corrió a la loma. Fue el señor comandante y tomó la red y tres flechas que le había puesto, y haciéndole señas que lo agradecía mucho, se volvió al real, haciéndoles señas que bajaran todos al real, que a todos los quería regalar, mientras oíamos a los gentiles hablando recio y riéndose, mirando lo que les había regalado.

A poco ya observamos que el gentil que había recibido el regalo, se levantó con otros tres, y se vinieron con arco y flechas en las manos al real. Llegados les regaló el dicho comandante, abalorios, zarcillos, listón, y otras cosas, que tomaron muy contentos y alegres. Y ellos le regalaron, cada uno, su redecilla, tres o cuatro flechas de sus carcajes, y unos mecatillos muy bien hechos y retorcidos de cabellos, y se asentaron un rato con los soldados, y después se fueron muy contentos a su loma, en donde estaban sentados otros.

A poco de llegados allá, vinieron dos mujeres solas, que hicieron un grande razonamiento al llegar. La regalo dicho señor comandante muy bien de todo, y en muy breve tiempo ya se juntaron todos los que se habían corrido a la sierra, al bajar nosotros a este paraje, mujeres, niños y niñas, y se vinieron todos muy contentos al real, y a sus casitas que estaban inmediatas, regalando a los soldados algunas sardinas tatemadas, y diciéndonos por señas cómo habían pasado dos barcos, y según sus señas entendíamos no estaban muy lejos.

Los gentiles contratacan: Nueva incursión del grupo de los 29

En esta nos hallábamos, cuando de lo alto de la cuesta que bajamos, empezamos a oír gentiles que gritaban mucho, miramos allá y observamos eran los mismo veinte y nueve guerreadores que dos jornadas nos habían seguido. Así que estos los vieron, nos dejaron a todos, como dicen hospes in salutato (escrito en latin, significa ¨huéspedes en el saludo¨), y se fueron corriendo a la loma de donde habían bajado. Los guerreros bajaron hasta la mitad de la cuesta gritando y predicando mucho, como ayer, estarían asentados en la cuesta gritando como dos horas, y a éstas dieron muy grandes voces y fuerte alarido, y se marcharon cuesta arriba, y se desaparecieron, y los gentiles de este paraje, al oír estas voces, que siempre habían estado asentados en la loma, se nos retiraron por la sierra perdiéndolos de vista.

Mucho extrañamos la novedad de estos gentiles, sin saberlo a atribuir a otra cosa, que desde luego serían rancherías enemigas, y éstos de miedo se les escondieron. Harto sentimos se nos ausentaran éstos de este paraje, porque todos nos parecieron muy dóciles, alegres y mansos, y que nos decían que nos acompañarían al aguaje que se nos sigue, y ahora quién sabe si lo cumplirán.

Día 10 de Mayo de 1769

Día nublado. Hay en los diarios referencias a mucha gente viviendo en la zona. La amabilidad aparece para los foráneos. Contemplan un atardecer. Descripciones de El Descanso, ahora conocido como Primo Tapia también. El paraje fue bautizado por fray Juan Crespí como “las pozas del valle de San Antonino”. Fray Junípero Serra lo dedicó a san Francisco Solano. A este valle mudó, el dominico fray Tomás de Ahumada, la misión de San Miguel Arcángel en 1809 ó 1810.

Del diario del pilotín José de Cañízares:

De mañana salimos y seis gentiles en nuestra compañía, que nos dirigían al aguaje ejecutando el rumbo del nornoroeste, el que torcimos al oesnoroeste y los gentiles dándonos gritos y señalándonos por dónde habíamos de ir, hasta que a las dos de la tarde llegamos a una cañada muy próxima a la marina, en la que, señalándonos el agua los que nos acompañaban, se despidieron y se fueron, quedando uno que fue a dar noticia a otra ranchería, los que vinieron al encuentro y nos hicieron un largo razonamiento (de lo que me quedé en ayunas por no entender nada) y contamos en todos sesenta y dos gentiles, a quienes se les dio sus abalorios y se fueron a sus rancherías. A puestas del sol formamos trinchera, se pusieron los centinelas y quedamos sin novedad. Hoy caminamos cuatro leguas.

Descubrimiento del valle de San Antonio

Del diario de fray Juan Crespí

De buena mañana, no sé a qué hora porque estaba nublado, salimos de esta Valle de San Juan Bautista siguiendo el rumbo de nornoroeste, declinando algo para el noroeste, por una cañada de mucha arboleda. De aquí subimos luego una altísima cuesta, después se nos siguieron muy dilatadas mesas, bastante empastadas, y en ellas se observaron grandes manchones de frijolito silvestre, ya secándose, del que cogieron bastante nuestros neófitos y los soldados, que guisado me dieron a probar, y es lo mismo que el que se siembra. Así por mesas y lomerías altísimas seguimos nuestro camino.

Al acabar de subir la cuesta, nos empezaron a gritar seis gentiles del Valle de San Juan de donde salimos, que nos venían siguiendo y guiando desde las cumbres de las lomas por dónde transitábamos, diciéndonos por señas por dónde habíamos de seguir nuestro camino. A la derecha, algo retirados, se nos seguían unas ringleras de sierras altísimas, y los gentiles siempre retirándonos de ellas. Atrás, en la rémuda, venían otros tres gentiles del mismo paraje, acompañando a los soldados que la guiaban.

Como a las cinco horas de andar, en que andaríamos cuatro leguas, ya se habían juntado con nosotros los seis gentiles guiadores, y avistando a otro muy profundísimo y frondoso valle, nada inferior al antecedente, y está inmediato al mar. Daba miedo ver por dónde habíamos de bajar, por muy parado, y no había que buscar por otra parte, porque todo estaba un cantil. Todos echamos pie a tierra, y parte andando, parte arrastrando, cayendo y levantando, bajamos al valle que es muy frondoso, y precioso paraje inmediato al mar en costa brava, aunque más arriba, por su género de ensenada que lo recoge, rompen mansamente sus olas.

La mucha profundidad de este paraje ha de hacer costoso su laborío, porque aparte de los tulares y junciales que se llevan gran trecho, hay gran parte de tierra (aparte de lo que es arboleda grande) tan lleno de varejones verdes, mimbres, y otros innumerables que no conocíamos, que por entre ellos no se ve un hombre a caballo, aunque levante los brazos bien, a causa de tanta espesura. No se registró el paraje, mas que en cuanto, mas que en cuanto se hizo buen abrevadero a una orilla del tular, que tenía agua dulce, muy buena para los animales, y para coger agua para la gente. En lo demás, sólo se reconoció la cercanía del mar, donde hay varias pozas grandísimas de agua, unas saladas, otras salobres y otras dulces y buenas. Pero lo que ha de hacer el gasto, si se poblare el paraje, ha de ser el agua que se busque hacia arriba, la que no se duda se hallará, supuesto que de allá viene el verdor del sitio, y el rebalse del agua en las pozas dulces, y en los superiores tulares.

Tiene un altito, llano y espacioso, muy al propósito para colocación de pueblo, fuera de toda humedad, y con la agua y labores allí pegadas. A este bello paraje puse el nombre de Las Pozas del Valle de San Antonio, para una muy buena misión. A este mismo paraje llamó el reverendo padre presidente San Francisco Solano, para el mismo intento. No pude observar la altura por muy nublado al medio día.

Los gentiles de San Antonio

Así que íbamos llegando, como venían por delante de nosotros los seis gentiles, y con la remuda otros tres por detrás del valle antecedente de San Juan, se fueron descolgando innumerables gentiles de los cerros de este valle, que a lo menos, según nos pareció, serían cuatro muy crecidas rancherías. Todo vinieron luego al real, hombres, mujeres y niños, que no los pudimos contar, todos muy contentos, alegres y afables, con su carcaje, arco y flechas en las manos.

Al llegar a nosotros, nos hicieron sus capitanes unos grandes razonamientos, y después se asentaron con nosotros, con los nueve que nos habían acompañado del paraje antecedente. Todos andaban muy embijados, hombres, mujeres y niños, de colorado, negro, amarillo y blanco. Los hombres todos desnudos con sólo un plumaje en la cabeza. Las mujeres honestamente tapadas, con hilos tupidos por delante, y por detrás un cuero, o de venado, o de lobo marino. Los hombres, unos traían sus arcos y flechas, otros macanas, otros fisgas (arpón) muy largas, y las puntas de éstas muy aguzadas, de hueso o de conchas, cargan todos redes muy pulidas, bien hechas, de pescar, de todos colores, que traen amarradas a la cintura. El señor comandante regaló a todos abalorios (cuentecilla, cuenta, oropel, lentejuela, adorno), listones, y otras cosas, y quedaban todos muy contentos. Algunos regalaron sardinas tatemadas y almejas al señor comandante, quien los regaló muy bien, y volvieron a corresponderle con regalarle una o dos redes que se quitaban de la cintura, y cuatro o cinco flechas de sus carcajes, muy pintadas, y de unos pedernales muy finos, de todos colores, de que llegó a juntar como cerca de seis docenas de flechas, que amarradas y a la vista de todos, llegaron al puerto de San Diego. Y nos volvieron a dar razón de los dos barcos, y que ya no estaban lejos en donde estaban parados, que había gente como nosotros, y también padres, tomando mi hábito y señalándome a mi. Así fue que en breve ya tuvimos el deseo cumplido.

Día 11 de Mayo de 1769

Para este día ya están tomando agua en la desembocadura del ahora conocido como Arroyo Rosarito, localizado entre el Hotel Rosarito Beach y el complejo turístico Rene’s. Los frailes le ponen diferentes nombres: “El vallecito de San Pío” para Crespí y fray Junípero Serra lo dedicó a san Benvenuto. “Uácatay” según sus habitantes nativos.

Del diario del pilotín José de Cañízares:

De mañana salimos por la marina en compañía de diecisiete gentiles (que al olor de los abalorios nos acompañaban), ejecutando el rumbo del nornoroeste. Dejamos la marina y los seguimos por unas lomas tendidas. Como a las cuatro de la tarde divisamos dos islas, siendo una la que vimos el día 7. A las cinco de la tarde paramos el real en otra cañada que llega a la orilla del mar, muy abastecida de árboles, con agua en poza. Aquí vinieron unos indios de otra ranchería, a los que se les dio sus abalorios y uno de ellos tenía pendiente de la nariz un zarcillo que, según señalaba, se lo había dado la expedición de mar, lo que nos causó mucha alegría por tener noticias, de que tanto carecíamos. Quedamos sin novedad, hecha trinchera, con dos centinelas guardando las órdenes del capitán para de noche.

Del diario de fray Juan Crespí

De mañana salimos de este Valle y Pozas de San Antonio, tomando el rumbo del nornoroeste del día antecedente, declinando algo para el noroeste, guiándonos una multitud de gentiles de este paraje, para enseñarnos el camino y aguaje que se seguía. Luego, al salir del paraje, entramos en la playa del mar y pasamos unos grandes médanos de arena.

La jornada mucho del camino fue por la playa, toda de tierra llana, pero muy llena de quebradas o barrancas en pura tierra, que debe de haber formado la agua de las vertientes de los vecinos cerros bajando al mar. (Como a una legua, o menos, desde el paraje antecedente, siguiendo la costa se ofrece otro valle verde que también remata en el mar en costa mansa, por cuya medianía se ve bajar hasta junto al mar un grande estero al tope de agua, el que caso que junto al mar sea salado, es lo mas creíble no lo sea cogido en lo ás alto, desde donde parece poder regar todo el llano que también es muy ameno, y sin aquella broza del antecedente. Y supuesto que no se han de poner dos misiones en distancia de una legua, ambos parajes pueden servir a una, y escoger para habitación el que más cuadrare, por lo que noto aquí para el paraje antecedente).

Entramos después a una vista de la playa por más mesas bastantemente empastadas, con muchos mezcales (y advierto aquí, que aquí acaban los mezcales, y en lo transitado hasta el estero de San Francisco (actual California), ya no se han visto más y hasta aquí paran totalmente), y también en este paraje, y en los más antecedentes, se han visto buenos nopales y tunas, género que escasea ya mucho tierra más adentro, sin verse en en los más de los parajes. Al dejar la playa nos desampararon también tantos gentiles que nos acompañaban, apurando que fuéramos por allí, y no por otra parte, y como que lo sintieron, nos fueron dejando.

Entrada al Vallecito de San Pío

La jornada de cinco horas y media y andaríamos cuatro leguas y llegamos a un vallecito con su buen arroyo por enmedio, de bastante sauceda, tiene su tierra de humedad y pozas de agua dulce muy buena. Es paraje cercano a la mar, y como a cien pasos del agua del mar, una buena poza de agua dulce corriente que desagua al mismo mar. Tiene todo el paraje, por todas partes, muy buen pasto, y no muy lejos de la playa una buena ranchería de gentiles. (Se trata de la desembocadura del arroyo Rosarito, justo en la zona donde se encuentra el Hotel Rosarito y el complejo turístico René´s). Paramos el real como a dos tiros de fusil de esta ranchería, en una mesa que estaba toda tupida de biznagas no muy grandes como el puño, y como dos puños las mayores, de unas muy duras y agudas espinas, que fue necesario limpiar todo el tramo que había de coger el real, para que no se mancara alguno. Púsele a este paraje el Vallecito de San Pío. A este mismo paraje llamó el padre presidente San Benvenuto.

Los gentiles de este vallecito

Luego de llegados a este paraje, vino un gentil alto de la ranchería, y a poco toda la ranchería, hombres, mujeres y niños. Este gentil vino muy alegre, placentero y risueño, con unos abalorios colgados de la ternilla de las narices, con alguna ropa, dándonos a entender que los de los barcos se lo habían dado, sin parar de hablar con bastante algazara, sin pararse, sino mirando y trasteando todo el real. El señor comandante le regaló abalorios y listones, y a todos los demás.

El satírico Barrabás

Traían almejas de la mar, y no dándoles lo que a ellos se les antojaba pedir, no alargaban una almeja. Son todos indios muy despiertos y satíricos, y muy ladrones, sin saber cómo, el que llevo dicho tan trasteador, hurtó a los soldados un par de espuelas y unas mangas, sin que ninguno lo observara. A la tarde vinieron seis o ocho gentiles que daban a entender eran de la sierra inmediata. Todos venían muy embijados de colorado, blanco, amarillo y negro, y cuatro parecía traían una peluca muy blanca, de embijado de blanco todo el pelo, que no parecía otra cosa q una peluca, y todos vinieron con su carcaje, arco y flechas en las manos. Al gentil que hizo el hurto de las espuelas y mangas, por fatal y satírico le llamaron los soldados Barrabás, y llegado aquí el padre presidente (si, se refiere al mismísimo fray Junípero Serra), este mismo gentil le hurtó al padre sus anteojos, y la campanilla de sanctus (que le cogió día de misa) la había enterrado dentro de la tierra, y uno y otro no le costó poco trabajo para poderlo recobrar.

No pude observar la altura del norte por nublado.

Día 12 de mayo de 1769

La expedición cruza por lo conocido hoy como Playas de Rosarito para acercarse a Tijuana.

Del diario del pilotín José de Cañízares:

Salimos de este paraje a las ocho de la mañana, ejecutando el rumbo del nornoroeste y, habiendo caminado como dos leguas, nos vimos precisados a parar por la mucha fuerza de los indios gentiles que para ello nos hacían. Paramos el real a la inmediación de la marina [el paraje fue bautizado por fray Juan Crespí como “la pocita de la ranchería de los Santos Mártires Nereo y sus compañeros”, y por fray Junípero Serra como “La Cárcel de San Pedro”, cuya fiesta se celebraba en ese día], desde donde reconocimos ser las islas que habíamos avistado las de Coronados, que se componen de cuatro islas y tres farellones, por lo que consideramos estar distantes del puerto de San Diego ocho leguas. A estos indios se les dieron sus abalorios y son muy sutiles para tratar de compra y venta, como también para hurtar, pues a dos soldados le[s] hurtaron a uno las espuelas y a otro las mangas. Quedamos sin novedad, guardando las órdenes del capitán. Caminaríamos dos leguas.

Del diario de fray Juan Crespí

De buena mañana salimos de este Vallecito de San Pío, por la playa, siguiendo el rumbo del norte, declinando algo para el nornoroeste, guiándonos algunos gentiles de esta paraje, que ellos mismos se ofrecieron el guiarnos. Nos acompañaron por parte del camino y nos dejaron. La jornada fue por algo más de tres horas por tierra toda muy andable, pasando algunas barrancas, aunque no tan penosas como las antecedentes.

Andaríamos tres leguas y llegamos a una ranchería de gentiles que está en una hermosa mesa que parece isla, por donde no la baña el mar, la rodea una barranca. Los gentiles, así que nos vieron querían parásemos en la dicha mesa, cerca de su ranchería, pero nos pareció mejor pasar a otra, del otro lado de la barranca, en la orilla de la playa que tenía zacate. En la barranca tiene esta ranchería una mediana poza de agua buena, de que se mantienen, y aunque pudieran haber bebido los animales, no quisieron por no desgraciarlos en algo a estos pobres su aguaje, supuesto habían bebido bien los animales en el paraje antecedente antes de salir.

Luego vino al real toda la ranchería, sin arma alguna, hombres y mujeres y niños, nada boruquientos, sin embijes, y en nada se parecían a los pasados, todos muy afables y risueños. Estuvieron sentados con nosotros todo el día, como si siempre hubieses tratado con nosotros, diciéndonos con mucho contento de los barcos, y que ya estaban cerca.

Como enfrente de este paraje, están las 4 islas llamadas de los Cuatro Coronados. Puse a este paraje La Pocita de la Ranchería de los Santos Mártires Nereo y sus Compañeros. A este paraje llamó el reverendo padre presidente la Cárcel de San Pedro.

(Este sitio se encuentra en la desembocadura del arroyo Tahití, o de San Antonio de los Buenos, mesa donde se localiza una gran cantidad de vestigios arqueológicos del tipo conchero, testigos de una larga ocupación indígena. Nota de Carlos Lazcano).

Día 13 de Mayo de 1769. Llegan a Tijuana

Del diario del pilotín José de Cañízares:

De mañana salimos por la orilla de la playa y, habiendo andado como una legua, vi la punta de los Guijarros sobre el puerto de San Diego, distancia de nosotros de seis a siete leguas. Seguimos la orilla y descubrimos un puerto que entraba más de cinco leguas la tierra adentro. Seguimos en su demanda, ejecutando el rumbo del noroeste, pero, habiendo encontrado un arroyo corriente, fue preciso el parar por necesitar de agua la caballada.

Se trata del río Tijuana, donde se sitúa la actual frontera entre los Estados Unidos y México. Fray Juan Crespí lo llamó “ranchería y arroyo de Sancti Spiritus” por celebrarse al día siguiente la Pascua del Espíritu Santo.

3 de Julio de 1769. Carta de fray (ahora San) Junípero Serra

A fray Junípero Serra debemos tanto una bella descripción de estas tierras y de las costumbres de los nativos, como del desarrollo de la idea, materializado en el camino más transitado de la península. Después de toda una odisea para conquistar San Diego, el religioso dejó constancia de su paso por estas tierras primero, de su condición, de las de los suyos, los nativos que le acompañaban y los que encontraba a su paso, así como de los paisajes y caminos:

«De este puerto y destinada nueva misión de San Diego de California Septentrional, y Julio 3 de 1769… »

No he padecido ni hambre ni necesidad, ni la han padecido los indios neófitos que venían con nosotros, y así han llegado todos sanos y gordos. He hecho mi diario (…) Las misiones en el tramo que hemos visto, serán todas muy buenas, porque hay buena tierra y buenos aguajes, y ya no hay por acá ni en mucho trecho atrás piedras ni espinas: cerros sí hay continuos y altísimos, pero de pura tierra; los caminos tienen de bueno y de malo y más de este segundo, pero no cosa mayor; desde medio camino o antes, empiezan a estar todos los arroyos y valles hechos unas alamedas. Parras las hay buenas y gordas, y en algunas partes cargadísimas de uvas. En varios arroyos del camino y en el paraje en que nos hallamos, a más de las parras hay varias rosas de Castilla. En fin, es buena y muy distinta tierra de las de esa antigua California.

Enseguida desarrolla algunas ideas y empieza a visualizar el camino entre las misiones.

De los días que van de 21 de Mayo en que salimos de San Juan de Dios (…) hasta (primero) de Julio que llegamos acá, quitados como 8 días que entreveradamente hemos dado de descanso a los animales, uno aquí y otro acullá, todos los días hemos caminado; pero la mayor jornada ha sido de seis horas, y de éstas sólo ha habido dos, y las demás de cuatro a cuatro y media, de tres, de dos, y de una y media, como cada día expresa el diario, y eso a paso de recua; de lo que se infiere que habilitados y enderezados los caminos podrán ahorrar muchas leguas de rodeos excusados; no está esto muy lejos, y creo después de dicha diligencia, podrá ser materia de unos doce días para los padres, que los soldados ahora dicen que irán a la ligera hasta la frontera de Vellicatá en mucho menos.

Por último, describe las costumbres de quienes se encontró en el camino, y sus observaciones son siempre informativas y agudas:

Gentilidad la hay inmensa, y todos los de esta contra-costa (del mar del sur) por donde hemos venido, desde la Ensenada de Todos Santos, que así la llaman los mapas y derroteros, viven muy regalados con varias semillas y con las pescas que hacen en sus balsas de tule, en forma de canoas, con lo que entran muy adentro del mar, y son afabilísimos, y todos los hombres, chicos y grandes, todos desnudos, y mujeres y niñas honestamente cubiertas, hasta las de pecho, se nos venían, así en los caminos como en los parajes, nos trataban con tanta confianza y paz como si toda la vida nos hubieran conocido, y queriéndoles dar de comida, solían decir que de aquello no, que lo que querían era ropa, y sólo con cosa de este género eran los cambalaches que hacían de su pescado con los soldados y arrieros. Por todo el camino se ven liebres, conejos, tal cual venado y muchísimos berrendos.

16 de julio de 1769

Fundación de la misión de San Diego de Alcalá por fray Junípero Serra.

1772

Conocidos popularmente como “dominicos”, la orden de Santo Domingo llega a un acuerdo con los franciscanos para evangelizar de forma conjunta la enorme California, cuyos límites habían sido ampliados considerablemente con la fundación de las misiones de San Diego (1769) y San Carlos de Monterey (1770) por fray Junípero Serra. Los franciscanos ocuparían los nuevos territorios de la Alta California, mientras los dominicos se encargarían de las antiguas misiones y de evangelizar una porción del terreno donde no las había entre ambas órdenes en el territorio ahora conocido como Baja California, lugar donde actualmente se encuentra Playas de Rosarito. Fijan la última de las misiones en el arroyo San Juan Bautista (donde fundarían la misión de San Miguel Arcángel de la Frontera) y la línea fronteriza es entonces Punta El Descanso, la división entre la Alta y la Baja California: La Frontera.

El acuerdo:

Que los padres dominicos tomen a su cargo las misiones antiguas que tiene este colegio en California y la nominada frontera de San Fernando de Vellicatá siguiendo sus nuevas conversiones por este rumbo hasta llegar a los confines de la misión de San Diego en su puerto poniendo su última misión en el arroyo de San Juan Bautista (la que finalizará cinco leguas más adelante en una punta que saliendo de la Sierra Madre termina antes de llegar á la playa, y llegados á ella podrán torcer al Este con poca declinación al Nordeste con lo que deberán salir al fin del golfo californio y río Colorado siguiendo después el rumbo que les señaló Vuestra Excelencia en la real junta (…) los padres del Colegio de San Fernando (franciscanos) mantengan las que ocupan desde dicho puerto de San Diego siguiendo el rumbo que tienen para Monterrey, puerto de San Francisco y más adelante.

Las reflexiones de los historiadores indican que los fernandinos percibieron como pérdida la cesión de todo el territorio peninsular con sus establecimientos misionales y la región restante por evangelizar. Como se lo comunica el padre Verger al padre Palou, vieron como un logro haber conseguido que los dominicos aceptaran hacerse cargo de todas las antiguas misiones e, incluso, hicieran suyo el programa de expansión misional hacia los territorios peninsulares comprendidos entre San Fernando Velicatá y el arroyo de San Juan Bautista. Afirma el padre Palou que cuando en la Antigua California se recibió la noticia acerca de la sustitución de franciscanos por dominicos se echaron a vuelo las campanas, «dando gracias a Dios por ello».

La percepción de la península en Europa ante esa particular situación es sintetizada por Salvador Bernabéu Alberto en su artículo Una mirada científica a la frontera: California en la centuria ilustrada.

… la península de California logró una popularidad notable en el Viejo Mundo, pero a costa de una reelaboración profunda. California fue vista multitudinariamente, pero a través del espejo europeo, el espejo de la “civilización”, el cenit del progreso, la etapa culminante de la historia universal, en relación a la cual se dispondría el resto de los pueblos y de los territorios ultramarinos. Dentro de esta interesada “mirada”, California ocuparía un lugar diferente según los autores, pero un lugar siempre falso. El abate italiano Ferdinando Galiani, cínico lector de las novedades editoriales ilustradas, llegó a escribir que los indios californios eran, como en general todo ser no civilizado por los blancos, un verdadero bruto. Pero no contento con ello, añadió que los indios ni siquiera llegaban a la condición de hombres, sino que eran «el más travieso, el más maligno y el más astuto de los monos».

1773

Colocando una cruz de aliso fray Francisco Palou cambió la frontera 10 kilómetros. al sur de Punta El Descanso para emparejarla al “Camino Real” en acuerdo con otros religiosos, soldados y un sargento.

Palou apuntó en su diario:

No se puso la santa cruz en la nueva punta de la Sierra Madre que termina antes de llegar a la playa como expresa el convenio por estar dicha punta mas de tres leguas del camino real al concluir dicha sierra que se juzgo por los religiosos que íbamos, por los soldados y sargento, prácticos de dicho camino, por paralelo de dicha punta 5 leguas distante del arroyo dicho de San Juan Bautista y como 15 del puerto de San Diego…

Se cree que este sitio corresponde con un grupo de grandes rocas a unos tres kilómetros del mar en el actual Ejido Primo Tapia.

Según Wikipedia, Francisco Palou (Palma de Mallorca, España c. 1722 – Ciudad de México, 1789) el fraile franciscano acompañó a fray Junípero Serra en la evangelización de la Alta California. Ingresó a la orden franciscana en Palma de Mallorca, en 1740 inició estudios de filosofía, uno de sus maestros y amigo fue Fray Junípero Serra, el apóstol de Las Californias. Fue voluntario para atender las misiones franciscanas del nuevo mundo, misiones dedicadas a evangelizar a los nativos americanos. Se reunió con su maestro y amigo en el Colegio de San Fernando en la Ciudad de México, tiempo después ambos fueron asignados a las misiones de Sierra Gorda en el estado mexicano de Querétaro para evangelizar a los indios Pames. En 1759 fueron invitados para atender las misiones de Texas. El padre Palou fue llamado a la Ciudad de México y allí sirvió a su orden hasta 1767 cuando junto con el padre Fray Junípero Serra y catorce misioneros mas fueron enviados a la península de Baja California para ejercer su apostolado en sustitución de los sacerdotes jesuitas que fueron expulsados de los territorios americanos por órdenes expresas de la Corona española.

En Abril de 1768 desembarcaron los misioneros en la naciente población de Loreto (Baja California Sur), hogar de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, misión madre de todas las fundaciones misioneras que se fundaron en las tres Californias. Poco después de arribar le fue asignada al padre Palou la Misión de San Francisco Javier. Pocos años después, cuando al padre Fray Junípero Serra le enviaron a catequizar la Alta California, en su lugar fue designado el padre Palou como su sucesor con el cargo de Superior de la orden en las misiones de la Baja California. Cuando ocupó el cargo de Superior de las misiones franciscanas en la península de Baja California, demostró gran carácter al oponerse a los abusos de la autoridad civil en contra de los nativos y acompañantes de los mismos misioneros.

12 de Mayo de 1773

Los hijos de Santo Domingo toman posesión de las misiones de Antigua California.

21 de Septiembre de 1773

Luis de Sales o Luis Sales, el futuro fundador de La Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera, llega a Loreto y firma como misionero residente en la misión de Nuestra Señora de Guadalupe.

1778

Luis Sales es misionero residente en la misión de San Vicente Ferrer.

QUINTA PARTE

MISIÓN SAN MIGUEL ARCÁNGEL DE LA FRONTERA

Y MISIÓN EL DESCANSO

1781. La última frontera, el camino del diablo

La guerra rebelde afecta completamente el sistema misional a lo largo y ancho de la Alta y Baja California. Los grupos levantados, el kumiai entre ellos, «resultaron ser una terrible amenaza para las caravanas que llevaban provisiones a los puestos de avanzada del imperio español en la Alta California». Esa inseguridad es el germen de las misiones costeras dominicas y por ende de nuestra ciudad: la ruta terrestre se hizo más urgente que nunca, el sistema de misiones y cuarteles militares debería dominar entonces el temido “Camino del Diablo”.

24 de Octubre de 1781

El rey de España Carlos III ordena la construcción de dos misiones más sobre la costa. Una epidemia de sarampión afecta a la población; caen los vivos muertos al por mayor. En el centro del conflicto, en la mayor aventura de su vida, encontramos al valenciano dominico Luis Sales en la Misión San Vicente (ver mapa), donde trabaja tanto como puede: construye la iglesia, cosecha y catequiza bajo grandes peligros. Las flechas caían por todas partes cuando menos lo esperaba. El padre, de nombre religioso Luis Sales, cuyo nombre real fue Pascual Jusep Manuel Vicent Joan, tal como aparece en su acta de confirmación, «parecía ser el único consciente de que los indios más peligrosos se encontraban a su alrededor y en el paso de las planeadas dos misiones dominicas», describió acertadamente el historiador Albert B. Nieser en su libro Las Fundaciones Misionales Dominicas en Baja California. La zona a dominar era precisamente la más ruda de todas las naciones entonces conocidas; la última de las fronteras estaba llena de indios «valientes, altivos e inclinados a la venganza», según escribió Sales en una de sus cartas. Pronto conocería a los kumiai.

1785

El gobernador Pedro Fagés fue el primero en tomarse en serio la orden del Rey, con la finalidad de darle solución a la inseguridad imperante en el “Camino Real”. El gran proyecto era unir por tierra todo el sistema de misiones de la Alta y Baja California. Al viajar por el “Camino Real” entre San Diego y San Vicente escogió un paraje conocido como El Encino para fundar una nueva misión. Como la distancia era considerable, la tarea de Sales entonces fue buscar un lugar entre San Vicente y El Encino para instalar la primera de las dos misiones ordenadas por el rey Carlos III. Nace entonces la misión de Santo Tomás; llegaría inclusive a convertirse en capital del territorio. Ahora es uno de los lugares emblemáticos de Ensenada.

11 de Abril de 1785

Las condiciones para los conquistadores eran inhóspitas. Sabedores del peligro, tomaban todo tipo de precauciones, que inclusive podrían sonar exageradas, pero ante los acontecimientos, sin duda alguna era lo mejor. Tenemos evidencia escrita de las consideraciones del misionero al realizar sus expediciones: «Sales partió vestido con una casaca de cuero [especie de chaqueta masculina ajustada al cuerpo con faldones largos, llega a la parte posterior de la rodilla], con cuatro cubiertas de piel para protegerse de las flechas». Lo protegía su jefe militar y cuatro soldados en su camino hacia el norte. A los cuatro días ya estaban de regreso en San Vicente.

A principios de 1786

Una nueva expedición al norte es ordenada por el gobernador Fagés, pero la zona ha sido calificada en “estado de perturbación” y Sales y sus soldados pronto están de regreso.

Mayo de 1786

La frustración reina en la conquista. Rayos, truenos y flechas. Otras incursiones fracasan, sobre todo por tormentas y ataques de los nativos. La expedición, encabezada nuevamente por Sales por supuesto, se encontró atrapada entre afilados cañones, tormentas y los ataques de los nativos a punta de flechas.

1º de Julio – 31 de Agosto de 1786

Sales no se dará por vencido de ninguna manera. Una nueva expedición ha sido reforzada con 10 soldados. Aun así, a 30 leguas de San Vicente cae un ataque masivo de nativos obligándolos a retroceder. La refriega apenas comienza. Los occidentales presentan batalla. Escribió Sales: «Pero puestos en un llano en donde podrían maniobrar los soldados de caballería les acometimos, y cogimos al principal capitán de ellos».

 

Febrero de 1787

Por fin rinden frutos los esfuerzos del padre Sales. Todo está listo para el traslado a la nueva frontera, pero al llegar a El Encino junto al gobernador Fagés y la expedición completa (funcionarios, soldados, nativos, asistentes, servidumbre, ganado, mulas, y cargamento) Sales sufre otra gran decepción y la describe con detalle:

¿Que aflicción tan grande no tendría ya, cuando entrando en el paraje ya reconocido en donde había tantas proporciones, solo se veían bancos de arena y penasquerias originadas de una furiosa avenida que cegó todos los ojos de agua? al mismo tiempo que ver en mi compañía tanta tropa, tantos indios y tanto ganado, sin poderse establecer.

Acamparon como pudieron cerca de un arroyo llamado El Encino. Los días siguieron, por supuesto. El misionero dominico no encuentra la tierra prometida. Pero Sales es tenaz y comprometido. Pronto recibiría un mensaje por medio de una víbora.

 

28 de Marzo de 1787. La conquista del territorio. Primera ubicación desconocida…

Tal y como el rey Carlos III había ordenado (construir una misión a mitad del camino de San Vicente Ferrer a San Diego) acatando esta “real” disposición, fray Luis de Sales fundó el 28 de marzo de 1787 la misión de San Miguel Arcángel de la Frontera en un lugar escogido personalmente dos años antes, “en o cerca de” un lugar conocido como El Encino, en un punto no localizado todavía a más de 15 kilómetros al sur del actual poblado La Misión. Sales tenía 42 años entonces. Escribió: «Al instante se aprontaron todos los utensilios para registrar el paraje, ver el curso del agua y las demas proporciones».

El virrey conde de Revillagigedo le informó al Rey en una carta: «… y se discutió el establecimiento sólo de la cuarta misión la cual bajo el nombre de San Miguel del Encino fue establecida el 28 de Marzo de 1787…». Sin embargo, muy pronto fuertes avenidas cegaron los ojos de agua en el arroyo, provocando grave preocupación en los misioneros que apenas se estaban instalando. Provisionalmente utilizaron el agua de una pequeña corriente cercana para poder subsistir, pero la situación era realmente crítica.

 

1788. Segunda ubicación. La víbora de cascabel en Ja-kwatl-Jap (Agua Caliente)…

Para Sales no fue fácil dar con el lugar. Durante meses mantuvo el campamento de El Encino evitando el retorno o alternativa s. La historia encontró su cauce por medio de una víbora: el problema se resolvió cuando un nativo fue mordido por una víbora de cascabel. El padre Sales, según su relato, salvó la vida del indígena aplicando un aceite antídoto; el nativo, agradecido, los condujo entonces a unas tres leguas de distancia, a un lugar con suficiente agua en lo que era el arroyo San Juan Bautista.

Este lugar es un santuario natural. Los nativos conocían la zona como “Ja-kwatl-Jap” (Agua Caliente), un verdadero paraíso en la tierra apto para todo tipo de actividades. El paraje ahora conocido como la Misión San Miguel es punto de separación de la carretera libre de la de cuota entre Ensenada y Rosarito; la desembocadura del arroyo es conocida como Guadalupe y es rica en flora y fauna.

Ahí viven o usan en su migración un gran número de especies terrestres y marinas. Se le llama estero porque su canal principal recibe agua de lluvia dulce durante el año; permite el desarrollo de diversos ambientes como la marisma y la playa externa. La marisma es un importante hábitat por su diversidad biológica: al menos 70 especies de aves migratorias provenientes de Canadá, Estados Unidos y Alaska se presentan en la zona. La playa externa se conforma por arena expuesta al oleaje y al viento.

El límite del territorio llegaba a Punta El Descanso en Primo Tapia. En este lugar fray Luis Sales, quien había estudiado latín y arte, fundó el primer asentamiento occidental llamado Misión San Miguel Arcángel de la Frontera en los límites actuales con Ensenada, a orillas del arroyo entonces llamado San Juan Bautista por los occidentales y Ja-kwatl-Jap (Agua Caliente) por los nativos. Trabajó en este territorio en rancherías conformadas por pequeñas familias de nativos, demarcando la frontera dominica en el Arroyo de Barrabás, hoy conocido como Arroyo Rosarito, exactamente donde ahora se encuentra René’s y el Hotel Rosarito.

Al ser adoradores del Santo Rosario, la orden dominica solía utilizar este nombre para designar lugares importantes. El nombre de El Rosario para el arroyo y la región indígena “Uácatay” es entonces obra de los dominicos; el diminutivo “Rosarito” lo usaron para referirse a la pequeña ranchería indígena adyacente al arroyo.

En palabras del propio dominico Sales, la misión de San Miguel Arcángel de la Frontera permitió «la unión de la California Antigua con la Nueva». Efectivamente, la misión se fundó en un paraje intermedio entre San Vicente y San Diego, primera de las misiones franciscanas de la Alta California, en unos terrenos varias veces recorridos por las expediciones españolas, pero en extremo inseguro tanto por la belicosidad de los indios kumiai como por las inundaciones.

Para darnos una idea del trabajo de los misioneros dominicos podemos leer sus testimonios. Sales apuntó: «… el Misionero es el Padre, la Madre, el Criado, el Juez, el Abogado, el Médico y quantas castas de artesanos hay en el pueblo. Nada se emprende, nada se determina, que no sea según la dirección del Misionero (…) la otra pesadísima carta que tiene el Misionero es cuidar de lo temporal».

Por su parte, fray Formoso informa en 1783: «…aquí hacemos de ministros apostólicos y, juntamente, de mayordomos, arrieros, vaqueros, pastores, labradores, padres de familia y tutores por cuanto todo lo espiritual y temporal están a nuestro cargo».

Pronto la población alcanzó los 300 habitantes y la crianza de ganado las 8 000 cabezas.

Sales no se anduvo por la ramas para describir a los nativos: «… estos de San Miguel, entre quienes vivo, y es la ultima frontera de gentiles, tienen un genio recio, indócil, altivos sobre manera, valientes y guerreros, y en todo tiempo dan quehacer a la tropa». Por su resistencia, los nativos también se ganaron otros calificativos del misionero: «…estupidez, degradación, flojera y falta de reflexión».

 

6 de junio de 1789

A los 44 años de edad fray Luis de Sales Martín recibe el permiso para regresar a su tierra. Jamás volverá. Falleció en 1807 a los 62 años.

 

1794

Fray Luis Sales publica su libro Noticias de la Provincia de California en Valencia, España, con el objetivo de «ofrecer una breve descripción de aquellos terrenos con una cabal noticia de los indios, sus costumbres, inclinaciones e idiomas; de los animales, peces, plantas, yerbas y demás (…) la conquista espiritual y temporal de aquel país, y las varias épocas de sus Misiones».

Se trata sin duda alguna de un gran documento para acceder al pasado de la mano de uno de los más influyentes misioneros jamás habidos por estas tierras.

 

1798

Allá en España, fray Luis Sales presenta ante el Consejo de Indias un memorial para lograr una especie de pensión por sus años de servicios en las Californias; leerlo sirve para conocer de primera mano la historia de la etapa misional. Escribió acerca de su obra en California:

… sirvió en las Antiguas Californias y en las fronteras de los gentiles, poniendo en corriente a costa de infinitos trabajos el pueblo de San Vicente, fundando después el de San Miguel, último de la California Antigua, con lo que consiguió la comunicación de ambas y abrió caminos nuevos, haciendo fácil, breve y libre de los insultos de los gentiles el de San Diego; que en sus expediciones de embarcaciones, de terrenos y descubrimientos, padeció hambres, heridas y golpes; conquisto caciques, sosegó alborotos de indios silvestres, sacó de su poder algunos que conducían al sacrificio; consumió con los mismos indios 4.533 pesos fuertes del Sínodo que Vuestra Magestad le consignaba para su subsistencia; y por último, lleno de accidentes regresó con superior permiso a su Convento de Valencia, en cuyo viage naufragó, perdiendo sus cortos bienes y logró salvarse en una tabla, llegando desnudo a las costas de la Antigua California…

 

1803

La población de San Miguel va a la baja: 78 hombres, 68 mujeres, 20 niños y 39 niñas, un total de 208 habitantes.

 

1807

Fallece fray Luis Sales.

 

1809-1810 La Misión El Descanso (Primo Tapia)

Los investigadores no se ponen de acuerdo acerca de la fecha exacta de la fundación de la Misión El Descanso. Hacen falta elementos para determinarla; fuertes inundaciones afectaron seriamente la estructura y tierras de labor de la misión de San Miguel Arcángel de la Frontera. El padre dominico fray Tomás Ahumada encontró solución fundando la Misión El Descanso, a unos 12 kilómetros al norte (actualmente en Primo Tapia, por la carretera libre Ensenada dirección Rosarito a la altura de Los Médanos). Fue conocida como Misión El Descanso, El Descanso de San Miguelito o San Miguel La Nueva. En la actualidad simplemente le conocemos como El Descanso.

Fray Tomás Ahumada escribió acerca de San Miguel: «Esta misión perdió sus tierras de riego por unas fuertes avenidas, recién destinado yo a ellas, y la trasladé al Descanso, que son 8 leguas más al norte…». Ahumada llegó a San Miguel aproximadamente en Junio de 1809; las lluvias en la región se producen con más intensidad en Diciembre, Enero y Febrero, el misionero debe haber cambiado a El Descanso a fines de 1809 o principios de 1810.

A Ahumada le siguió fray Félix Caballero; frecuentemente cambiaba su residencia de El Descanso a la misión de San Miguel y vuelta atrás.

Los muros de las misiones dominicas casi siempre fueron de adobe, los techos de tule y arcilla, carecían de la ornamentación visible aún en algunos de los edificios jesuitas. Actualmente sólo hay ruinas de las construcciones que al perder su techumbre fueron derrumbadas por la lluvia y el viento. Aunque es justo señalar que su modestia arquitectónica no corresponde al progreso y beneficios económicos obtenidos con la producción agrícola y sobre todo la ganadera. Además, la falta de cantera en casi todos los lugares en que los dominicos hicieron sus misiones les impidió levantar edificaciones como las de los jesuitas en el sur, considerando la especial rebeldía de los nativos, era difícil para los dominicos contar con mano de obra capacitada y permanente; aun así, algunas misiones tuvieron pisos embaldosados, techos de tejas, edificios espaciosos y muros exteriores para protegerse de los ataques indios.

 

La historia de Jatñil, el “capitán” kumiai

Conocemos parte importante de nuestra historia en el periodo misional gracias a la oportuna intervención de Manuel Clemente Rojo, Jefe Político del Distrito Norte del Territorio Federal de la Baja California en 1868, (ortografía original): «… habian desaparecido los archivos en toda la península (…) entonces conocí la importancia de los apuntes que hice para distraerme desde el año de 1848, y fui recopilando todos los datos que he podido adquirir, haciendo viajes a propósito a uno y otro lugar para poder hilar la relación de estos “Apuntes Históricos”».

Al notar la ausencia de documentos dedicó gran parte de su tiempo a entrevistar a los pobladores de la región para impedir el olvido de los acontecimientos y legarlos a las futuras generaciones. Gracias a sus escritos llega a nuestros días el testimonio de Jatñil, uno de los únicos jefes kumiai, a quien le tocó vivir a carne, piedra y flecha la época dominica en los terrenos a la postre pertenecientes a Playas de Rosarito. Jatñil significa, según algunos investigadores, “Perro Prieto” o “Perro Negro”, y según otros “Caballo Negro”; en otros documentos norteamericanos también se le ubica como “Huta Neal” o “Indigo Horse”. Clemente Rojo logró entrevistarlo en la Ranchería Álamos, abajo del Cañón del Nejí.

Me llamo Jatñil, y soy el capitan de esta tribu, desde el año en que se fue de aquí para el Sur el teniente Ruiz (1822) mi padre fue, capitán antes de mi, y primero que mi padre, lo fue mi abuelo; de manera que el mando de nuestra tribu estuvo siempre á cargo de mi familia, y por eso es que lleva la tribu mi propio nombre. Mi padre me decia, que esta tierra seria de las gentes de razon y que no fuese yo contra ella así como no lo fueron él y mi abuelo; todos fuimos siempre amigos de los blancos, y así como ellos no nos gusta el robo ni que se mate á nadie sin razon.

Yo, le ayudé al Padre Caballero, á levantar la Misión del Descanso, desde sus cimientos hasta el fin (…) poco despues sali en (…) campaña con Macedonio Gonzalez contra los indios de Santa Catalina, los Quiliguas y Cucapa que entonces eran muchos, a mi me obedecian mil hombres de guerra y con toda mi gente estuve peleando a cada ratito contra aquéllas tribus que me mataron la mayor parte de mis mejores guerreros, nosotros también les matamos muchísimos; de los de Macedonio no morian porque andaban fajados con riatas toda la caja del cuerpo de modo que no entraban las jaras y ademas llevaban una rueda de cuero doble y triple muy dura para defenderse de la cara, y sabian capearse mucho manejando esa rueda con la mano izquierda, mientras que con la derecha ofendian con sus sables y sus lanzas; yo entraba a la guerra asi como me ves, por eso estoy todo herido de flechas, y afortunadamente no me acertaron ni una buena parte. Duramos peleando mas de un año, hasta que todas las tribus alzadas bajaron de paz y entonces vine á ayudarle al Padre Félix, a levantar la Misión de Guadalupe desde los cimientos hasta el fin, y tambien le ayudaba a sembrar todos los años y á levantar sus cosechas, y el Pe nos daba lo que queria, mayz, cebada y trigo, de eso mismo que le sembrabamos y cosechabamos nosotros; pero no contento con esto pretendió varias veces que nos bautizaramos para tenernos encerrados en la Misión, y manejarnos como á los demas indios (…) despues que salvé a la Escolta que se metió con Macedonio González, en la Sierra de Jacume, cuando se alzaron Pedro Pablo, (al nativo Martín) y Cartucho, [se refiere a una batalla suscitada en 1836 entre soldados al mando del alférez Macedonio González, e indios alzados que, después de incursionar sobre San Diego huyeron hacia Jacume: en la persecución los soldados se metieron al fondo de una barranca donde fueron atacados por los nativos desde las alturas; la situación empeoró cuando una mula cayó en el estrecho paso por donde los soldados pretendían devolverse a caballo: quizá todos hubieran muerto si no hubiera llegado el jefe Jatñil en su auxilio], me retire de la Sierra á la Costa porque eran muchisimos los enemigos que allí podían atacarme, y vine á hacerme fuerte á un aguaje que hay en la mesa del Descanso muy a propósito para defendernos, porque parece una fortaleza el lugar donde está…¨.

[El padre] Felix [Caballero], pensó seguramente, que yo no podria volver á la Sierra, de miedo, y que me hallaba muy débil para hacer de mi y de mi gente lo que el quisiera; y entonces sin acordarse de mis servicios y [que] todos nuestros trabajos provenian de haber querido ayudar á los de razon, contra la voluntad de todos nosotros, comenzó á bautizar por la fuerza á la gente de mi tribu que iba a visitarlo como acostumbravamos hacerlo; esto me dio mucho coraje y por eso fui á buscarlo á Guadalupe con la intencion de matarlo; yo no queria matar ni ofender á nadié mas que á él pero la gente que llevaba se me adelantó mientras yo me detuve un ratito en el monte, fue la que mató sin mi orden al Cabo Orantes y a los indios Francisco y José Antonio. Despues que yo llegué ya no se hizo nada, y como no hallé al Pe Felix, me volví a salir de la Mision, y no tomamos nada de ella. Desde entonces, volví a esta Ranchería no he salido para ninguna parte. Mira, ya ni miro de viejo, la mayor parte de mi gente murio en la guerra, otra se alboroto y se fue para la Alta California, cuando los placeres, y no ha vuelto, ya lo ves, no me quedan mas que unas cuantas familias y todos vivimos trabajando sin robar a nadie.

Manuel Clemente Rojo, en los Apuntes Históricos de la Baja California entregados a la Biblioteca Bancroft con fecha de 1879, coincide con las notas del diario del juez Benjamín Hayes al decir que el padre Félix Caballero escapó de Guadalupe cuando ocurrió el ataque de Jatñil, gracias a la ocurrencia de esconderse bajo las faldas de una india llamada María García o María Gracia.

Rojo apuntó las palabras de María García o Gracia: (y Carlos Lazcano las de Rojo)

… yo estaba tendiendo la mesa en que iba a comer el [padre]. Y me asomé por la ventana del comedor que daba al patio y ví todo ensangrentado y muerto al Cabo Orantes, y ya los jatñiles estaban matando á Francisco y José Antonio, indios catecúmenos de la Misión de San Miguel [Arcángel de la Frontera] que se habían venido a Guadalupe para sembrar trigo y cebada (…) el [padre Caballero] y yo viendo lo que pasaba, nos llenamos de miedo y nos fuimos a refugiar a la Iglesia (…) lo llamaban a gritos para matarlo (…) me rogaba por Dios que no lo descubriera (…) (que) me daría todo cuanto necesitara (…) para vivir con descanso (…) y me obligó a que me sentara encima de él ocultándolo con mi ropa (…) cuando fue llegando Jatñil con el arco en la mano (…) ¿Dónde está el Padre? Para que me preguntas, le contesté cuando no se ni como me hallo según el miedo en que me haz puesto (…) pues yo me voy, me dijo…

Según el periodista ensenadense Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar:

… a Jatñil se le capacitó para el liderazgo. Aprendió los distintos dialectos kumiais y algunas otras lenguas vecinas, así como lo relacionado a las ceremonias de su tribu. Al fallecer su padre, el consejo de ancianos de su “shumul” lo ratificó como capitán, pero debió guardar el año de luto para asumir el mando (…) según sus descendientes era un hombre fuerte, enorme, de fiero aspecto y muy sabio; debió liderar a su tribu durante las guerras con otros grupos indígenas, incluso con los mismos kumiais del desierto…

«…y que me llamaba Jesús… ». Continúa la historia de Jatiñil.

Hay más constancia de la “influencia” dominica en la región. Continuamos con el testimonio de Jatiñil, el personaje kumiai víctima del sistema misional. Esto según la entrevista de Clemente Rojo (la ortografía tal cual, por supuesto):

Yo y dos parientes míos bajamos de la sierra de Neji a la playa de Rosarito, a pezcar almejas para comer y llevar a la sierra como lo teniamos de costumbre todos los años; ningun daño hicimos a nadie en el camino y en la playa no pensabamos mas que en pezcar y sacar almejas para llevar á nuestra rancheria Cuando esto hacíamos, vimos venir corriendo dos hombres á caballo en dirección adonde nosotros estabamos, mis parientes tuvieron desde luego miedo y echaron a huir á toda carrera, ocultandose en el sausal muy espeso que entonces existia en la cañada del Rancho del Rosarito.

Luego que me vi solo, me dio tambien miedo de aquellos hombres y corrí al bosque para juntarme con mis compañeros, pero ya era tarde, por que al momento me alcanzaron y me lazaron y arrastraron un largo trecho, estropeandome mucho con la ramas sobre las cuales me arrastraron, jalandome lazado como estaba á carrera de sus caballos; despues de esto, me amarraron de los brazos para atras y me llevaron por delante a la Misión de San Miguel, haciéndome andar casi á la carrera para igualar el trote de sus caballos, y cuando paraba un poco para tomar aliento, me azotaban con las reatas que llevaban haciendome entender por señas que anduviera aprisa; despues de mucho andar de este modo, acortaron el paso y me azotaban para que mantuviese siempre el paso de sus caballos.

Cuando llegamos a la Misión, me encerraron en un cuarto por una semana, el Pd me hacia ir á su habitación y me hablaba por medio de un interprete, diciendome que, me hiciera cristiano, y me platicaba muchas cosas que yo no entendia, y Cuñur, asi se llamaba el interprete me aconsejaba que hiciera como el Pd me decia, porque ya no me iban a soltar, y me iria muy mal si no consentia en ello; me daban á tomar atole de mayz que no me gustaba por que no estaba acostumbrado a esa comida; pero que iba á hacer si no habia otra cosa.

Un día me echaron agua en la cabeza y me dieron á comer sal, y con esto me dijo el interprete que ya era cristiano y que me llamaba Jesús: yo no sabia nada de esto, y por todo pasaba por que al fin era un pobre indio y no tenia mas remedio que conformarme y pasar por cuantas cosas hicieran conmigo.

Al día siguiente de mi bautismo, me sacaron á trabajar con los demas indios y me pusieron a limpiar una milpa de mayz; como no sabia manejar el azadon que me dieron a poco de andar azadoneando, me corte un pie y no quice seguir trabajando con él si no que me puse a arrancar las yerbas con la mano, y de este modo no acabé la tarea que me dieron. En la tarde me azotaron porque no acabe mi tequio, y al dia siguiente me sucedió lo mismo que al dia anterior, todos los dias me azotaban injustamente por que no cumplia lo que no sabia hacer, y asi estuve muchos dias hasta que me halle la manera de escaparme; pero me fueron siguiendo por el rastro y me alcanzaron en la Zorra, alli me agarraron a lazo como la primera vez y me llevaron a la Misión martirizándome en el camino; luego que llegamos estaba el padre paseandose en el corredor de la casa y mando que me amarraran a la Picota y me castigacen, me dieron de latigazos hasta que no supe de mi; ni se cuando me dezataron de la picota, ni lo que pasó en muchas horas despues.

Estube varios dias sin poderme levantar del suelo adonde me acostaron, y todavia tengo en las espaldas las señales de los azotes que entonces me dieron.

Analiza Rojo, después de estos apuntes:

Jatñin, es un hombre muy viejo y nos mostro las cicatrices de las heridas que le hicieron los azotes, asegurandonos que nunca fue cristiano por su voluntad (…) no sabe mas del cristianismo que le enseñaron, sino la esclavitud a que lo tenían sujeto, por cuya razon volvió á huirse luego que pudo, y permanecio muchos años en la Sierra sin bajar á la costa hasta despues que se acabaron las misiones.

La escasez de los alimentos que les daban a los pobres catecumenos, los trabajos forzados á que los destinaban y la desnudez en que los tenian sin el auscilio del calor del fuego que ellos acostumbraban en su libertad salvage; hicieron de estos infelices unos seres debiles y enfermisos, que morian en mayor proporcion de los que nacian; y es por esto que se acabaron aquellos millares de indios, que vivian en la Costa del Pacifico, antes de los establecimientos misionales, mientras que todavia escisten muy numerosas las tribus Yuma y Cucapa, en la Banda Oriental de la Peninsula adonde no alcanzaron las Misiones.

La rebelión local fue inminente por la presión injusta ejercida por estos misioneros a la población local. Rojo refiere:

La insurrección llegó a ser general y el misionero [Caballero] optó por abandonar La Frontera. Poco a poco las guerras intertribales se recrudecieron, hasta que Jatñil impuso el orden, con el cargo de kuipay cua-tay [jefe de guerra]. Su poderío se extendió por toda la región, aunque ocasionalmente otro jefe, Nicuar, se resistía a su dominio. En las décadas siguientes, el jefe kumiai –mencionado como “Huta Neal” o “Indigo Horse”, en documentos del ejército estadounidense– continuó apoyando a las autoridades de La Frontera en la persecución de malhechores.

31 de Diciembre de 1812. La influencia dominica

En un informe enviado al presidente de las misiones, fray Ramón López, en San Miguel viven 301 personas, 158 hombres y 143 mujeres. También hay 340 caballos mansos, 540 yeguas y burros, 8 600 vacas y 1 900 ovejas.

La actual capilla a San Miguel Arcángel fue construida sobre las ruinas de la antigua Misión El Descanso de San Miguelito o San Miguel la Nueva (así conocida en su tiempo y fundada en 1817) se encuentra en El Descanso en la delegación de Primo Tapia, Playas de Rosarito, Baja California, México. (No se confunda con La Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera, ubicada en los límites Rosarito y Ensenada). Texto y foto de Mario Alberto Mario A Serrano Monzon para La Fascinante Historia de Playas de Rosarito...
La actual capilla a San Miguel Arcángel fue construida sobre las ruinas de la antigua Misión El Descanso de San Miguelito o San Miguel la Nueva (así conocida en su tiempo y fundada en 1817) se encuentra en El Descanso en la delegación de Primo Tapia, Playas de Rosarito, Baja California, México. (No se confunda con La Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera, ubicada en los límites Rosarito y Ensenada).

16 de Marzo de 1824

Para estas fechas el lugar ya es plenamente conocido como El Rosario. En la misión de San Diego fray Fernando Marín levanta un acta de defunción, registro 3 353: «… en el cementerio de la iglesia de esta misión de San Diego, mi compañero Fray Vicente dió sepultura eclesiástica a una párvula llamada Casimira, hija de los gentiles, el llamado Ciguaracho, y de su mujer llamada Coayul, de la ranchería del Rosario, perteneciente a La Punta». La constancia fue firmada por Fernando Marín.

14 de Febrero de 1827. Y tuvieron muchos hijos…

Nacido en 1781, José Manuel Machado fue un soldado al servicio de la Misión San Diego de Alcalá en la Alta California. Las misiones San Miguel Arcángel de La Frontera y El Descanso recibieron también de sus servicios. En esas andanzas encontró las tierras (y el agua) adecuadas para la cosecha y la ganadería. A los 44 años de edad le fue concedido por el jefe político de Baja California, José María Echendía, el rancho El Rosarito, con una extensión de «11 sitios de ganado mayor» equivalente a más de 19 000 hectáreas. Según un reportaje del periódico San Diego Union del 7 de marzo 1874: «… le fue otorgado (…) un rancho muy bueno (…) [con] cerros ondulados cubiertos de pasto y ganado gordo, con cinco manantiales aparte del río El Rosarito, a lo largo del cual se ven varias buenas granjas…».

En el rancho El Rosarito, el soldado transformado en ranchero, Machado, y María Serafina Valdés, nacida en 1788 en El Descanso, donde hoy sólo quedan las ruinas de su casa, vivieron y tuvieron muchos hijos: Joaquín Machado Valdés se casó con Dominga Arce, y su hija Josefa Machado Arce con Eduardo Crosthwaite; Juan Machado se casó con María Serrano, y su hijo José Manuel Machado Serrano con María Placida Gilbert; Presentación Machado con José de Gracia Yorba; Juan B. Machado con Higinia Silvas; Jesús M. Machado se casó con Lugarda Osuna, su hija Belizarda Machado (1857-1896) con Juan Ignacio Alvarado, y su hijo Juan Ignacio Alvarado Machado se casó con Francisca Gradias, de El Carrizo; asevera Jorge Martínez Zepeda en su magnífico artículo La Casa Machado de Rosarito.

1830

Félix Caballero volvió a fundar El Descanso. La importancia histórica de esta misión radica en su jurisdicción: abarcó por el norte hasta el Arroyo El Rosario (donde actualmente se encuentran el Hotel Rosarito y el complejo turístico Rene’s) gracias a la demarcación del padre Sales al terreno franciscano en 1788. Al sur de esta línea imaginaria el territorio fue dominico, mientras el mandato de los franciscanos partía de esta línea al norte irradiando su influencia de la Misión de San Diego de Alcalá.

Para esta época a la Misión San Miguel Arcángel de la Frontera se le empezó a llamar simplemente como Misión Vieja.

1834

La producción ganadera continuaba siendo el pilar de la economía local, pero en la mayoría de los casos el ganado era propiedad de los misioneros.

Conforme a puño y letra del padre Félix Caballero, contaban en San Miguel con 3500 cabezas de ganado vacuno, 1 500 de lanar, 50 caballos y 10 mulas. Para estos tiempos post-independentistas la población nativa ha sido mermada, pero aún es considerable.

Por fin es abandonado San Miguel Arcángel de la Frontera al aplicarse la Ley Sobre la Secularización de las Misiones. Los dos padres, aún presentes, habrían de mantenerse por su cuenta con grandes dificultades para cumplir su objetivo.

El poblado de mayor importancia en la región es San Diego, al obtener el título de “pueblo”; es el eje rector de toda la actividad en la región. Ya desde entonces los rancheros adquirían sus herramientas y mandaban a sus hijos a estudiar a San Diego.

1836

El vicario provincial y presidente de las misiones de Baja California, padre Félix Caballero, reforzó el personal con tres padres mercedarios y un dominico, para así mantener el sistema funcionando por otros 18 años.

1839

Félix Caballero se retira después de 25 años de servicio. Queda al frente de las misiones fray Tomás Mancilla, el último de los misioneros en La Frontera. Se acerca el fin de una etapa más.

Positiva y negativa sin duda alguna la de los dominicos, fue una dominante influencia y aún perduran en el presente algunos de los usos y costumbres por ellos estipulados: el catolicismo, los grandes ranchos, la ganadería, la carne asada y el pinole de trigo, por ejemplo, son parte de la vida cotidiana y la identidad rosaritense.

A efectos prácticos, la historia de las misiones dominicas es la raíz de la actual población Playas de Rosarito.

SEXTA PARTE

LOS FRONTEREÑOS

1840. Los frontereños

Para este año es cada vez más difícil lograr el reemplazo de los misioneros dominicos. Fray Tomás Mancilla es el único atendiendo a toda la feligresía bajacaliforniana. Además del grupo indígena existen otros dos grupos no indígenas: el de los misioneros, numéricamente no considerable; su intermediación con el tercer grupo es considerable, el de los soldados, mayordomos, sirvientes, sus familias y descendientes, quienes fueron usufructuando las huertas, sementeras y tierras de pastoreo en su propio provecho. Del usufructo temporal se pasó a la posesión de hecho de las tierras misionales. A esta comunidad se le empezó a llamar “frontereños”.

1846-1847

Los primeros pobladores de la región fronteriza fueron familias provenientes de la Alta California para dedicarse a la agricultura y a la ganadería. Al desconocerles sus títulos de propiedad a causa de la guerra se vieron en la necesidad de cruzar a Baja California. Otras familias de origen irlandés (Crosthwaite), inglés (MacAller, Gilbert y Ames) y español (Yorba) se establecieron en terrenos ex-misionales y emparentaron unos con otros a través de matrimonios y compadrazgos, iniciando la dinámica de la comunidad con diferentes tipos de actividades sociales, religiosas, culturales y deportivas.

Tanto Machado como Yorba son descendientes de soldados destacados en las misiones del siglo XVIII. Adquirieron sus propiedades durante el segundo cuarto del siglo XIX por concesiones otorgadas por el primer gobierno republicano para pagar servicios de la milicia por el cuidado de los antiguos presidios, atendiendo al mismo tiempo la nueva política de colonización y siguiendo la vieja costumbre que sembró la regla no escrita: la tierra es de quien la trabaja. La zona era de gran importancia ganadera: muchas vacas y muchos caballos. Entre todos fácilmente reunían las 20 000 cabezas.

1848

Al firmarse el tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848 los norteamericanos aceptaron como frontera una línea a una legua marina (5 555 metros) al sur de la bahía de San Diego, sin tomar en cuenta la última frontera establecida por los dominicos, en pleno centro del actual Playas de Rosarito, el Arroyo Rosarito.

1850. Cabecera de distrito

Rosarito alcanza cierta importancia en la política regional al decretarse una nueva división administrativa de la Baja California en siete distritos o municipalidades, de los cuales El Rosario comprendía todo el Partido Norte. La máxima autoridad era el presidente municipal con cabecera en El Rosario.

Sin embargo, la mayoría de los indígenas kumiai habían modificado su estilo de vida; su número menguaba pero seguían bajando a la playa a la recolección de marisco.

Además, la escasa integración a la población mestiza, la supresión de su carácter seminómada, forjado en cuando menos un milenio, las nuevas enfermedades y los trabajos forzados a los que muchos fueron sometidos, eran algunos de los motivos de su declinación. Otros se adaptaron: vivían en los linderos de los ranchos para prestar sus servicios, los hombres como vaqueros o jornaleros y las mujeres como empleadas domésticas.

1851 y 1852 La carta de Castillo Negrete

No hay control alguno de las tierras y muchos norteamericanos reciben concesiones ilegales o simplemente invaden terrenos de las misiones con el apoyo de jefes políticos y gobernadores. Francisco del Castillo Negrete escribió al coronel Rafael Espinoza, jefe político de la Baja California afincado en La Paz, denunciando los hechos para solicitar la intervención de la autoridad y anular concesiones indebidas de tierras, caso también de El Descanso.

Dice en la carta:

Acompaño a vuestra señoría la información que sobre la enajenación de misiones de la frontera, me mandó practicar manifestando que no sólo la ex misión de Santo Domingo fue enajenada por el señor gobernador de la Alta California, sino las de Guadalupe, El Descanso, San Miguel… Esta península ha sido siempre independiente de la Alta California, y sólo en tiempo del señor Micheltorena fue agregada en cuanto a lo militar, según la disposición del supremo gobierno, que tampoco llegó a tener efecto, porque siempre dependimos de la comandancia militar de Sinaloa. Me consta esto, porque a la sazón me hallaba mandando las armas por disposición del supremo gobierno, y en este tiempo no se hizo concesión ninguna. La línea divisoria que se conocía antes entre ambas Californias, era en el arroyo de Rosarito, cosa de cuatro leguas más al norte de la misión de El Descanso, y sin embargo, el alcalde de San Diego dio posesión de algunos terrenos en esta Baja California, saliendo de su jurisdicción (…) Como no ha llegado a mi conocimiento si el supremo gobierno ha resuelto sobre si aprueba o no las concesiones de las misiones de esta frontera que don Pío Pico, como gobernador de la Alta, hizo a favor de algunos individuos, suplico a vuestra señoría se sirva decirme si podrán concederse terrenos de ellas (…) La ex misión de Guadalupe y la de El Descanso, situadas en los dos caminos que dan entrada a esta California mexicana, las ocupan ciudadanos americanos que viven en San Diego y ni siquiera han permitido que algún indio aplicado cultive ni un pequeño terreno…

1852

Fallece don José Manuel Machado Valenzuela a los 71 años de edad. Comienza el fin de toda una época. Las semillas de la actual ciudad estaban ya en los surcos.

1854

Tras 82 años de servicios, los dominicos Gabriel González y Tomás Mancilla entregan los restos del sistema misional al recién nombrado vicario general de Baja California, Juan Francisco Escalante.

17 de Septiembre de 1854. El pueblo crece

El término “frontereño” proviene de una clara referencia de la época. La usaban para referirse a la población no indígena del norte de Baja California. Por ejemplo: «a los frontereños que ahora se hallan aquí huyendo, han presenciado los hechos y conocido los sujetos en la frontera, los he presentado al notario público para que depongan cuanto hayan visto…», indicó Francisco del Castillo Negrete al ministro de Relaciones (San Diego, 9 de Marzo de 1854).

La población amerita ya un juez auxiliar, máxima autoridad en pequeñas comunidades. Joaquín Martorell, juez de paz de La Frontera, envía una carta desde El Rosario al jefe político del territorio, Antonio Navarro, con la relación de los jueces auxiliares nombrados en poblaciones de La Frontera, donde apunta, «en Rosarito, Joaquín Machado».

SÉPTIMA PARTE

ABSTENCIONISMO 100%

1856-1860 “El Cholo” toma el mando

Después de la ocupación de California por los Estados Unidos, el jefe político de La Frontera, José Castro, huye a México. Nació en Monterrey en el actual estado de California por el año de 1808; vivió allí y en San Juan Bautista hasta 1853. Castro volvió a California después del Tratado de Guadalupe-Hidalgo. Al regresar a México lo hicieron jefe político de La Frontera en 1856, pero fue asesinado en una pelea suscitada por el alcohol por Manuel Márquez en 1860. Su socio militar en cargo, Feliciano Ruiz Esparza alias “El Cholo”, tomó el mando de la región norte de Baja California. Su cuartel general era, claro, El Descanso.

 

Del 11 al 25 de Marzo de 1861. Abstencionismo 100%

Fueron días intensos los de esta catorcena. Al considerarlo como el único hombre capaz de mantener la paz en la región, norteamericanos residentes de la Alta California apoyaron a Feliciano Ruíz de Esparza alias “El Cholo” como gobernante en la conflictiva Frontera con El Descanso como escenario, donde estaba su cuartel general, sin embargo, a este personaje los vecinos le mantenían una larga lista de acusaciones de tiranía y abusos, no todas reales.

Hayes relató en su diario que el apoyo a Esparza era en todo caso de norteamericanos anglos, ya que los californios mexicanos lo repudiaban. Los norteamericanos no simpatizaban con José Matías Moreno, porque supuestamente había “movido” a Juan Mendoza contra Feliciano Ruiz Esparza.

El juez Hayes se refería a que Esparza había acampado en San Ysidro con 150 hombres listos para defenderse de Juan Mendoza, a quien seguían 400 hombres, 40 mexicanos y los demás indios, quienes merodeaban la región cometiendo todo tipo de injusticias a los indefensos frontereños, también poniendo en jaque a los norteamericanos. Hayes anotó algunas de las consecuencias:

… Al descender, me encontré con la señorita Refugia Argüello cerca de la mansión de Don Juan Bandini [en el límite sur con Ensenada] a donde su familia y su abuelo han llegado. Ella ha estado allí tres meses, desde el inicio del movimiento de Mendoza más allá de la línea [al sur], por temor a un ataque a La Punta [El Descanso].

La descripción de este personaje y de los hechos la debemos a los apuntes del Juez Benjamín Hayes en su diario. Dice:

Esparza se ha situado en El Descanso, a unas 14 leguas de San Diego, con una fuerza suficiente para protegerse contra tales bandidos como los que ahora pueden estar preparándose en Los Ángeles para hacer otro intento de quitarle la vida, y convertir [el lugar] en hogar de ladrones. Mientras tanto, ¿qué están haciendo nuestras gloriosas autoridades federales, y que han hecho [hasta ahora]? Bien pueden los ciudadanos de este condado decir que Esparza nos ha dado más protección que nuestro gran gobierno democrático.

Hayes describe en otra parte de su diario:

… ¡El Cholo!, así he escuchado que los californios se refieren a él (…) pero no merece ser tratado despectivamente, cualquiera que sea la opinión que se tenga acerca de la legalidad (…) del principal acto que excita tanta indignación entre los californios (…) Fui presentado a él (…) uno no puede descubrir nada de pretencioso en él. Tiene una voz agradable, ademanes naturales, con gracia, ojos negros, brillantes (…) que parecían suavizarse, mientras que el labio se comprimía ligeramente, cuando habló de la muerte de 12 hombres por orden suya.

Conforme a los datos de Hayes, en 1854 Ruiz Esparza trabajaba como joyero en San Diego:

… debe haber sido desafortunado en sus negocios aquí, porque hace dos años estaba de empleado de don Bonifacio López como vaquero. Vino a La Frontera procedente del condado de San Luis Obispo. Se refería a uno de los líderes contendientes de La Paz como que habían estado en el mismo colegio, de lo que yo infiero que ha recibido una educación, de la cual un moderado grado es suficiente con frecuencia para dar a un mexicano el liderazgo entre esta gente sencilla.

Mientras tanto, el mayor Armistead de las fuerzas norteamericanas decidió no involucrarse:

… con dos vagones y veinte de los soldados (…) de infantería, se fueron a la línea fronteriza, dando mucha confianza a los esparzanianos, aunque he oído una observación jocosa (…) «estos americanos nunca pueden comenzar si no han tomado su café en la mañana».

Quizá Matías Moreno, con el fin de desprestigiar a Feliciano Ruiz de Esparza, aprovechó el escándalo a ambos lados de la frontera por la ejecución de 12 hombres procedentes de la Alta California por parte de las fuerzas de su enemigo Juan Mendoza. La orden era matar a los cabecillas fugitivos donde estuvieran. Uno de los ejecutados fue Salomón Pico, sobrino de don Andrés Pico. Sérvulo Varela, otro de los sentenciados, héroe de la resistencia contra los norteamericanos durante la invasión a la Alta California, fue indultado, pero regresó a Los Ángeles, donde lo asesinaron cuatro meses después.

 

11 de Marzo de 1861

El presidente Benito Juárez nombra entonces sub-prefecto de La Frontera a José Matías Moreno. El nuevo gobernante llega a Ensenada el 11 de marzo de 1861 junto a un batallón comandado por el teniente coronel Eustaquio Cota. A las cinco de la mañana del día 14 atacaron el cuartel de El Descanso. Derrotaron fácilmente a los hombres de “El Cholo” Feliciano Ruíz Esparza, quien levantaba el polvo con su huida a esas horas.

El jefe Casimiro Pérez fue hecho prisionero junto a 19 de sus hombres y les mataron a uno. También les confiscaron 120 marcos de plata, dos piezas de artillería, dos arrobas de pólvora en granel y 50 armas. Del batallón resultó herido el teniente de artillería Lucio González y otros cinco hombres, uno de los cuales murió después. Ese mismo día, victorioso Matías Moreno convocó al pueblo a elecciones para el 25 del mismo en El Sauzal de Camacho, pero el abstencionismo venció con el 100%: nadie acudió a votar.

 

31 de Marzo de 1861 (Documento número 5) De la Baja California. Prefectura política.

Partido del Norte. Comisión de gobierno y señor gobernador. El día 11 del que fina dio fondo en esta Ensenada la goleta nacional de guerra La Reforma, después de treinta días de navegación. En la misma tarde se desembarcaron las tropas y los pertrechos de guerra. Por dos estrangeros suizos que se hallaban en esta, únicos habitantes que pudimos ver, fuimos informados que el cuartel general del faccioso Esparza se hallaba situado en El Descanso, diez leguas al norte de esta rada. En tal concepto el señor teniente coronel don Eustaquio Cota con una sección de noventa hombres y yo en su compañía. Todos a pie, emprendimos la marcha el 12.

El 13 a las cinco y media de la tarde, llegamos al frente del enemigo el que no nos vio, por habernos situado entre las quebradas de unas lomas. El 14 a las cuatro de la tarde avanzamos a cubrir los puntos del plan de ataque combinado por el senor teniente coronel Cota, jefe de la expedición. A las cinco de la misma, a toques de guerra convenidos cargamos a bayoneta calada sobre el frente enemigo a tomarlo si posible fuera, sin disparar un solo tiro; pero como el enemigo rompiera sus fuegos sobre nosotros fue preciso contestarlos abanzando sobre los mismos fuegos. La operación duró unos quince minutos, mientras que asaltamos la fortaleza. Por nuestra parte tuvimos herido al teniente don lucio Gonzalez, un sargento y cuatro soldados, de los cuales el uno murió a los pocos días después. El enemigo, sin embargo hallarse bajo murallas, tuvo un muerto y un herido. Se hicieron veinte prisioneros, entre ellos el cabecilla Cacimiro Perez, segundo jefe de Esparza, de los que trece lleva a bordo la goleta de guerra. Tres que quedan aquí, dados de alta en esta compañía y cuatro de los referidos se dieron libres por ser viejos y llenos de familia. Quedaron en nuestro poder una pieza de a cuatro y cuarenta y dos armas entre fusiles, rifles y carabinas. Estos dos ultimos fueron repartidos entre los soldados que las recogieron. El parque y la mayor parte de esos efectos, eran de los que les fueron repartidos por algunos norteamericanos de San Diego en el mes de Noviembre último; Esparza, cabecilla de toda esa situación, y que se titulaba gobernador y comandante principal del territorio, se hallaba cincuenta leguas al sur de este puerto, y al saber de nuestra llegada se fugo, y no ha sido posible dar con el. Por esta circunstancia, me he visto precisado a pedir al senor teniente coronel don Eustaquio Cota, que me dejara un cuerpo de tropa que sirva de seguridad al pais y respetabilidad a la nación, pues Esparza apoyado en algunos elementos dispersos no dudo hara todo su esfuerzo, en ver como sigue con sus intentones sobre esta lejana frontera. El señor Cota, a la vista de la crítica situación del pais tan remoto que este se halla de los recursos de la superioridad y lo costoso y difícil que es al gobierno el poder mover a tan larga distancia una expedición, muy generosamente, y en virtud de su ascendrado patriotismo acudio a mi pedido, dejando una guarnicion de 28 soldados armados y equipados al mando del teniente don Guadalupe Scoble, joven de valor y buen juicio.

Espantosa es la situación que guarda esta frontera; pueblos, haciendas y ranchos, todo se halla abandonado y saqueado, y la mayor parte de sus habitantes se han refugiado a la Alta California, llevandose sus ganados y demas intereses para salvarlos de la persecución de Esparza y demas turbas inquietas. Las diversas tribus gentilicas que habitan estas comarcas se hallaban como en hostilidad contra Esparza y satélites, por varias estorciones que se les habian cometido. Por esta causa, mandamos llamar a los capitanes de cada tribu, los que al saber, que el señor Cota y yo eramos representantes de las autoridades superiores, al momento se presentaron; manifestandose contentos y satisfechos de que el gobierno hubiera sabido dar paz, y respetabilidad al país, garantías a la propiedad y a la vida de los ciudadanos. Todos se han retirado a las campiñas, llenos de confianza y prometiendo vivir en paz y ayudar a las autoridades en cuanto este de su parte. Al dar mi convocatoria de 14 del que espira y de que le adjunto un ejemplar lleva la mira de que reunido el pueblo hiciera sus elecciones. Pero desgraciadamente no hubo numero suficiente, porque la mayor parte se hallan en diversos pueblos de la Alta California, y otros huyendo en los bosques de esta frontera. Y por lo que me conformo, ateniéndome a las circunstancias, en nombrar jueces auxiliares en todos los (puntos) de esta frontera interín se (juntan) todos o la mayor parte de estos habitantes, para darle lugar a las elecciones según las leyes. Aun no he podido examinar el estado que guardan las salinas de San Quintin, pero me basta a asegurarle que, el estrangero que las esplota a mas de haber sido participe con Esparza y compania de todos los males de esta frontera, unicamente obtiene una escritura suscrita por el coronel don Jose Castro. Dicho estrangero llamado R. K. Porter se halla en San Francisco y tan pronto como hubiere lugar quedara este asunto arreglado.

De igual manera me ocupare de examinar los intereses de los diversos comprometidos en esta revolución, quien por falta de tiempo no he podido atender, porque, en los pocos días que llevamos de estar aquí, nos hemos ocupado de recorrer más de ochenta leguas, la mayor parte a pie en esta tierra desierta. Habiéndose agotado los recursos de esta espedición, al grado de faltar, aun lo preciso para la comida en un país tan miserable y despoblado, me he visto en la forzosa necesidad de obsequiar el pedido del señor teniente coronel gefe de la espedición don Eustaquio Cota de unos (ciento veinte) marcos de plata labrada que pertenecía a la iglecia y que obtuvimos en el cuartel militar del faccioso Esparza en el Descanso el 14 del actual. Dicha plata vendida en el mercado de San Diego, produjo la suma de pesos ochocientos cuarenta. Fuerza es el que yo le supliqué a vuestra señoría cuan encarecidamente pido a nombre del bien general del territorio, de la nación toda y del particular de esta frontera, el que salvando todos los obstáculos que hubiere se sirva situarnos una suma mensual de cuatrocientos pesos, para el sostén de estas tropas, en la que se haya interesado el honor nacional. Este urgente y preferente auxilio, será preciso por los primeros seis meses de hoy en adelante, porque, puestas ya las salinas de San Quintín en buena vía, y hechas las cosechas de las siembras que voy a emprender por cuenta de la compañía en Guadalupe habrá abundantemente más de lo necesario para el pago exacto de esta guarnición. Como estoy confiando en el buen juicio, patriotismo y rectitud de vuestra señoría, no tengo duda en que hará como le pido, y que para facilitar la remesa mensual de que le hablo, sera conveniente (hacerlo) por la vía de Mazatlán de alguna casa acreditada, como la de los señores J. R. Moller y compañía para que ellos la sitúen en San Francisco. Quedo establecido en la administración política de esta frontera.

Todo lo cual pongo a su superior conosimiento de vuestra señoría para su inteligencia. Dios, libertad y reforma. Sauzal de Camacho, 31 de marzo de 1861. José Matías Moreno al gobernador del territorio de la Baja California, don Teodoro Riveroll, La Paz.

 

14 de Marzo de 1861. (Documento número 6)

Ciudadanos mejicanos de La Frontera de la Baja California:

El superior gobierno territorial obsequiando las disposiciones del supremo nacional, y de acuerdo con el excelentísimo señor gobernador del estado de Sinaloa, ha mandado a esta frontera una fuerza militar al mando del teniente coronel don Eustaquio Cota.

Este digno gefe, con los valientes que lo acompañan, hará, no lo dudo, la completa pacificación de esta desgraciada frontera que por más de tres años ha sufrido todos los horrores del más descarado vandalismo.

El traidor y ladrón Feliciano Ruiz de Esparza, que con mano atrevida ha tenido usurpada la administración civil y militar de esta frontera, será debidamente castigado, sin que él y la gavilla que comandaba vuelvan jamás a turbar el orden público.

El gobierno territorial se ha servido confiarme una comisión política sobre esta frontera, y a la vez conferidóme el encargo de sub prefecto. Si he aceptado una y otro, ha sido con la esperanza de que estableceré para siempre entre vosotros la paz y el orden de que tanto necesitamos.

La guerra civil que por dos años agitó a la república toda, ha terminado felizmente, y por (fin) la Constitución de 1857 ha cobrado todo su vigor. En tal virtud, a nombre de ella os llamo y os convoco para el día 25 del presente en el Sauzal de Camacho.

Al pueblo, recuperando su soberanía, le toca elegir sus jueeces locales, y ésta será una de las causas de vuestra reunión.

Mejicanos de La Frontera: acercaos a mí, a nombre de la superioridad os llamo, y os amonesto que abandonando toda pretensión hostil, os sometáis de buena fe al gobierno y hallaréis en él, toda la justa protección de un verdadero padre; pero si obstinados en la rebelión insistís desobedientes causando los males de esta frontera, la cuchilla de la ley caerá severamente sobre vuestras cabezas. El Descanso, 14 de marzo de 1861. José Matías Moreno, comisionado de Gobierno y subprefecto del Partido Norte de la Baja California.

 

1863

La familia Machado ha consolidado su presencia en la región. Juan Machado escrituró tres sitios de ganado mayor en El Descanso. Los descendientes de Manuel Machado ocuparon los ranchos Rosarito, El Descanso, Mesa Redonda, Guacuatay y San Antonio. Sus hijos fueron José Antonio, Jesús María, Joaquín, Juan, Dolores, Rafael, Leandro y José Machado.

A la par del crecimiento de las familias fueron dividiendo los ranchos; la interacción entre los pobladores fue forjando las raíces de nuestra ciudad. La vida cotidiana en Rosarito y ranchos aledaños era la cría de ganado y la agricultura. Tranquilidad.

 

14 de enero de 1873

Los religiosos del poblado norteamericano de San Diego acudían a ejercer sus funciones a la región de Rosarito. Según consta en archivos, el padre Antonio Ubach bautizó en la antigua Misión El Descanso a Francisco Pacheco, cuñado de Jatñil.

 

1879

Don Joaquín Machado, hijo de don Manuel Machado, vivió en una construcción de adobe dentro del perímetro del actual desarrollo turístico Rosarito Shores. Las diversas propiedades de los Machado, según escrituras, incluían extensiones mayores en los ranchos El Rosario, El Gato, misión El Descanso y en la Mesa del Descanso, en la parte sur del municipio.

 

OCTAVA PARTE

EL DESARROLLO DE ROSARITO

14 de Mayo de 1885. La fundación de Rosarito

A la muerte intestada de don José Manuel Machado, sus herederos no llevaron a cabo la liquidación de la sucesión. No se pudo determinar jurídicamente la repartición de los bienes entre sus herederos, quedando irregular la posesión de 19 311 hectáreas. Pero Joaquín Machado Valdés promovió en 1879 el registro ante la Secretaría de Fomento, Colonización Industria y Comercio de la República Mexicana, en representación de toda la familia, la adjudicación del rancho, denunciándolo como baldío y acogiéndose a las leyes del 22 y 23 de julio de 1863 y la de diciembre de 1874, sobre enajenación de baldíos. Don Joaquín Machado logró del presidente Porfirio Díaz la adjudicación legal de sus tierras, con título de propiedad registrado el 14 de mayo de 1885 en el Registro Público de la Propiedad de Ensenada de Todos los Santos, fecha propuesta por don Pedro Arias como la fundación de Rosarito, de acuerdo al Simposium de Historia local realizado el 12 de octubre de 1991.

 

1º de Enero de 1888

La necesidad de ejercer una vigilancia más estricta sobre la región bajacaliforniana, sobre todo respecto a las actividades de la Mexican Land and Colonization Company (Compañía Mexicana de Tierras y Colonización), la principal empresa extranjera de la zona, motivó al gobierno mexicano a elevar a los partidos Norte y Sur de Baja California a la categoría de “distritos”, cada uno de los cuales tendría su propia cabecera y dependería directamente de la federación, según el análisis de Lawrence Douglas Taylor Hansen en su artículo La Transformación de Baja California en Estado, 1931-1952.

 

1906

El popular Rancho Las Delicias fue fundado en 1906 por Jacinto Machado Gilbert; contaba con 400 hectáreas en el centro de la cuenca del Arroyo Rosarito. Todavía puede visitarse.

 

1916. Encuentran petróleo

La Compañía Explotadora de Baja California, de obvio capital norteamericano, encontró petróleo en El Descanso y la viabilidad para su explotación, pero el clima político nacional, esto es, las guerras internas por la Revolución Mexicana, dio al traste con el proyecto.

 

18 de Octubre de 1919. Los beneficios de la “Ley Seca”

El Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley Volstead, la famosa “Ley Seca”. Al mismo tiempo que la paz post-revolucionaria llega a la región, la prohibición estadunidense para la producción, venta y consumo de alcohol constituye una franja temporal de considerable importancia para el desarrollo económico. Con la idea de captar los dólares generados por el prohibicionismo llegaron los servicios públicos, turísticos y comerciales, construcciones gubernamentales, escuelas y vías de comunicación.

Los primeros establecimientos turísticos de Rosarito pertenecieron a mexicanos, a diferencia del resto de la franja fronteriza, cuyos dueños eran extranjeros.

Se harían modificaciones a la constitución para permitir a los extranjeros la posesión de predios en la zona federal marítimo-costera a través de concesiones y fideicomisos. Al llegar la demanda por predios costeros, Playas de Rosarito comenzó a adquirir una estructura urbana alargada siguiendo el contorno de la costa. Esta gran cantidad de turismo en realidad cruzaba a Tijuana a comprar licor. Muchos de ellos preferían Playas de Rosarito. Sube la actividad comercial a la par de la venta de terrenos a lo largo de la costa. El edificio antiguo del Hotel Rosarito y su anexo Shores Acres Country Club fueron construidos durante la época. Negocios de artesanías, restaurantes y hoteles registraban un gran movimiento en beneficio de los dueños y la comunidad laboral.

 

1923

Se viven buenos tiempos. En 1923 Juan Ortiz, originario de Sonora y amigo del General Abelardo L. Rodríguez, compró varias hectáreas junto al mar en tierras de Virginia Machado para trabajar en un concepto turístico con cantina, restaurante y hospedaje. Fue el primero de su tipo en el camino Tijuana-Ensenada. Llamado Rosarito Beach Resort cambió su nombre por el de Rene’s para evitar confusiones con el Rosarito Beach Hotel. Actualmente se encuentra en pleno funcionamiento a cargo de los descendientes.

El original Rancho El Rosario se dividió en varios ranchos: Rancho Las Delicias, propiedad del señor José del Carmen Machado, Rancho Avena, propiedad de don Manuel Machado, Rancho del Toro, propiedad de don Porfirio Machado Gilbert, Rancho Guacuatay, propiedad de Josefa Machado de Crosthwaite.

El Rancho del Toro a su fundación contaba con 516 hectáreas dedicadas principalmente a la cría de ganado vacuno.

El Rancho Guacuatay en su origen comprendió más de 1 800 hectáreas y fue herencia de Josefa y Virginia Machado Serrano. El Rancho Mesa Redonda, en su fundación por el Señor Manuel Machado Valdés, contaba con 700 hectáreas. El desarrollo ganadero de este rancho ha sido posible gracias a la existencia de los aguajes La Paloma, Las Palmas, Las Papas, El Roble, El Panteón, La Canoa y El Encinal.

1924

Las carretas llegan fácilmente a Rosarito.

20 de Diciembre de 1925

El gobernador Abelardo L. Rodríguez crea la nueva municipalidad de Tijuana mediante decreto publicado en el Periódico Oficial, fijando el paralelo 32¨ 10´ como límite sur con Ensenada. En su artículo tercero establece ¨Con la denominación de Tijuana se erige en Municipalidad la actual Sección Municipal de Tijuana, Municipio que comprenderá también la actual Municipalidad de Tecate, quedando ésta con el carácter de Sección Municipal y siendo la jurisdicción territorial de este nuevo Municipio, la siguiente: por el Norte la línea divisoria con los Estados Unidos de Norteamérica; por el Oeste, el Océano Pacífico; por el Sur, el paralelo 32 grados, 10 minutos, o séase precisamente al Sur de la Misión del Descanso; y por el este, el lindero Oeste de la Municipalidad de Mexicali.

1927

El complejo turístico Rosarito Beach Hotel u Hotel Rosarito es ahora uno de los grandes íconos del pueblo. Este complejo turístico contaba inicialmente con unas cuantas carpas o tiendas de campaña en plena playa; de sus mayores atractivos eran la carne asada y la atención a la concurrencia. Inician la construcción del Hotel Rosarito con 10 o 12 cuartos. La clientela era primordialmente norteamericana. Luego llegaría el salón de juegos. Sin embargo, por tratarse de extranjeros, el gobierno federal intervino y la empresa fue vendida a Manuel Barbachano, quien desarrolló el Hotel Rosarito, actualmente administrado por los herederos, Hugo Torres Chabert y familia.

1930

El Rancho Avena es fundado por Manuel Machado Valdés, con una extensión cercana a las 1 000 hectáreas. Posteriormente se subdividió en La Fortuna, San Patricio y La Providencia. A la fecha el Rancho Avena cuenta con 208 hectáreas.

1931

Juan Andreu Almazán, secretario de Comunicaciones, declaró: «Ponerse en contra [de la construcción de caminos en el estado para ligarlo al resto del país] sería un disentimiento absoluto del peligro verdadero e inmediato de una nueva mutilación de la patria». El objetivo del gobierno para terminar con el aislamiento de la región fue promover el poblamiento con mexicanos, prohibir la adquisición de terrenos a los extranjeros, brindar estímulos fiscales para el desarrollo de las comunicaciones, la colonización y del turismo de la zona. Al considerar fuertes nexos económicos entre la península y Estados Unidos, así como la fuerte influencia estadounidense en la región, también se consideraba preciso promover el sentimiento cultural y nacional entre los bajacalifornianos, según también Taylor Hansen.

1935

Al construir la carretera libre Tijuana-Ensenada se logró una mayor comunicación e integración de la economía regional; en los años siguientes, estas ciudades cobraron una gran importancia turística, por lo que el gobierno federal apoyó su crecimiento por medio de infraestructura vial. En la década de los sesenta se concluyó la carretera de cuota número 1 (escénica Tijuana-Ensenada), posibilitando un mayor poblamiento e integración al conectar los diferentes poblados situados a lo largo de la costa, con lo que se “descubre” el potencial turístico regional.

1936

Pueblo tranquilo de ambiente playero y campirano al mismo tiempo. La vida cotidiana era tranquila y benevolente. La población apenas llega a los 200 habitantes, incluyendo a quienes vivían en las rancherías. Las construcciones de mayor importancia entonces son el Hotel Rosarito, Quinta Mendoza, escuela José María Morelos y Pavón, Subdelegación de Gobierno, Cantina La Paloma, Campo Turístico de los Ortiz y la residencia de Los Pérez. Los campesinos tienen sus reuniones en la escuela José María Morelos y Pavón. El esparcimiento cultural estaba a cargo de la Orquesta del Batallón de Infantería de Tijuana; tocaba durante los fines de semana.

1937

Ricardo Alzalde Arellano nació en Torreón, Coahuila. Llegó a Baja California en Agosto de 1937. Fue el promotor del Ejido Mazatlán en 1938 y principal detonador del crecimiento urbano. Su currículum es impresionante: secretario de organización del primer Comité Regional Campesino Tijuana-Ensenada, secretario de organización agraria y sindical del comité nacional de la Confederación Nacional Campesina, y dos veces diputado: primero cuando era Territorio y posteriormente, siendo ya el estado de Baja California, en la XLIV Legislatura del Congreso de la Unión por el sector campesino.

En 1937 se nombró una comisión de campesinos para entrevistarse con el presidente Lázaro Cárdenas en la Ciudad de México. Éste les resolvió acordando la expropiación de las tierras detentadas por la empresa Moreno y Compañía para entregarlas a los campesinos mexicanos, resultando así el Ejido Mazatlán.

17 de agosto de 1938 – 19 de Marzo de 1939

El presidente de la República, General Lázaro Cárdenas, expidió resolución dotando al Ejido Mazatlán de una superficie de 4 671 hectáreas y 60 áreas de terreno de temporal para beneficio de los 103 campesinos solicitantes (40 hectáreas para cada uno). La extensión de los predios fue definida en base a las políticas de colonización del gobierno federal, la disponibilidad del agua y la calidad de la tierra. Este mandato presidencial se publicó en el Diario Oficial el 19 de marzo de 1939.

Sobre la extensión de las parcelas, según refirió don Ricardo Alzalde Arellano, presidente del primer comisariado ejidal del Ejido Mazatlán en 1938, en una entrevista realizada por Irma Apodaca Chavira en la ciudad de Mexicali en 1981, una vez más se corrió con suerte:

En Mexicali, como estaba muy despoblado, al afectar los terrenos, procuraron los ingenieros dotar de la mayor superficie posible a los campesinos, a fin de afectar a las compañías con mayor superficie. Entonces distinguieron tierras de temporal y tierras susceptibles de riego; en consecuencia, dieron 20 hectáreas en lugar de las 10 que correspondía y cuando pasaron los ingenieros a medir en Rosarito, nos iban a dar 20 hectáreas de terreno de temporal, pero se arguyó que si en Mexicali, que había riego, en Rosarito tenía que ser el doble, por ser de temporal y así fue como se logró que las parcelas de estos ejidos fueran de 40 hectáreas.

… la mayor parte de los terrenos los ocupaban con ganado y todo lo que hacían era soltarlo, por eso es que no sabemos exactamente cuántas cabezas de ganado tenían (…) Respecto a los rancheros que no fueron afectados, para evitar la expropiación se pusieron inmediatamente a trabajarlas; antes solo se dedicaban a la ganadería, por lo que la formación del ejido, además de beneficiar a los ejidatarios, repercutió benéficamente en la región.

31 de Enero de 1947

En el Periódico Oficial del Gobierno del Territorio Norte de la Baja California se publica un Acuerdo por el entonces gobernador Alberto V. Aldrete mediante el cual se define a la delegación de Ensenada su límite norte en la desembocadura del ¨Río San Miguel¨ en el Océano Pacífico, eliminando el paralelo 32 grados 10 minutos.

31 de Diciembre de 1953

Se publicó la primer Ley Orgánica Municipal para el estado de Baja California, donde se le confirma a Ensenada su límite norte en la desembocadura del ¨Río San Miguel¨.

1952

En un plano del censo de caminos elaborado por Carreteras Federales y Caminos Vecinales se establece como límite norte de Ensenada el kilómetro 64 de la Carretera Libre Tijuana Ensenada, punto ubicado al centro del puente del ¨Arroyo La Misión¨¨.

1960

Se contaba con 1 929 habitantes en una mancha urbana de 295 hectáreas.

1964

Los vecinos solicitan ante el presidente López Mateos el cambio de régimen ejidal al de propiedad privada. De esta manera se expiden títulos de propiedad a los posesionarios de los lotes. Así se funda el centro de población de Rosarito.

1970

La actividad turística cobra fuerza. Como parte del impulso al desarrollo de la zona introducen la carretera transpeninsular, la vía de acceso más importante para comunicarse con el resto del estado.

Sergio Facundo Brown Higuera, con el apoyo de su familia, inaugura la tienda de artesanías La Misión del Viejo. Se registra también la fundación de las colonias Echeverría, Mazatlán, Morelos, Villas del Mar, La Fuente y Ampliación Mazatlán.

1980

Hay 5 924 habitantes en una mancha urbana de 493 hectáreas.

30 de Septiembre de 1989

La nueva Ley Orgánica de la Administración Pública Municipal del estado de Baja California mantiene vigente el límite norte de Ensenada (o sur de Tijuana) en la desembocadura del ¨Río San Miguel¨, además agrega la superficie de los cuatro municipios y del estado.

 

Mayo de 1990

Hay 23 067 habitantes en una mancha urbana de 2 336 hectáreas.

 

12 de octubre de 1991

De acuerdo al Simposium de Historia local realizado el 12 de octubre de 1991, el acto jurídico considerado como la fundación de Rosarito fue cuando don Joaquín Machado logró del presidente don Porfirio Díaz la adjudicación legal de sus tierras, con un título de propiedad registrado el 14 de mayo de 1885 en el Registro Público de la Propiedad de Ensenada de Todos los Santos, por lo que los actos oficiales de celebración se realizan en esta fecha.

 

Diciembre de 1991

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1995

Hay 46 128 habitantes en una mancha urbana de aproximadamente 5 000 hectáreas. Siempre ha habido desacuerdos respecto a la cantidad de pobladores. Esta indefinición es provocada seguramente por la gran cantidad de población flotante, persistente fenómeno en la zona.

 

29 de junio de 1995. M U N I C I P A L I Z A C I O N

Después de 108 años de pertenecer o a Ensenada o a Tijuana (desde 1887) tras una intensa lucha un grupo de ciudadanos organizados bajo el nombre de Comité Pro Municipio (compuesto por muchos de los mejores liderazgos de la comunidad sin distinción de partido, credo religioso, edad, género o situación económica) lograron la aprobación unánime de los integrantes del Congreso del Estado para eregir a Playas de Rosarito en municipio con un territorio de 513.32 km2, el 0.72% de la superficie del estado y apenas más de 35,000 habitantes. Para cimentar las bases de una ciudad, primero fue gobernada y acondicionada por un Consejo Municipal (encabezado por CP Hugo Torres Chabert) no electo sino designado por la legislatura estatal a propuesta del entonces gobernador Ernesto Ruffo Appel. A la fecha hemos contado ya con 7 presidentes municipales: Silvano Abarca Macklis (PAN), Luis Enrique Díaz Félix (PAN), José Antonio Macías Garay (PAN), Hugo Eduardo Torres Chabert (PRI), Javier Robles Aguirre (PRI), Silvano Abarca Macklis (PES) y Mirna Rincón Vargas (PAN). (Foto: Periódico de la época, propiedad de la familia Romo).

 

21 de Julio de 1995

Mediante el decreto No. 166 publicado en el Periódico Oficial se crea el municipio de Playas de Rosarito, cuyo límite sur sigue siendo la desembocadura del ¨Río San Miguel.

 

Octubre 1995

Después de reuniones, recorridos de campo y entrevistas con pobladores, los totulares de las oficinas de Catastro municipales de Tijuana, Tecate, Ensenada y Mexicali, elaboraron y firmaron un plano de límites municipales con base en la descripción dada en la Ley Orgánica de 1989, ubicando el límite norte de Ensenada en el arroyo ¨La Misión¨.

 

1997 Titanic

En Playas de Rosarito se encuentra Fox Studios, donde se filmó una de las películas más caras, famosas y exitosas de la historia de la cinematografía, Titanic, dirigida por James Cameron y protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. La inversión alcanzó los 300 millones de dólares.

Esta historia continuará…

Mario Alberto Serrano Monzón Escritor. Nació en Tijuana, Baja California, MEXICO, en 1971 hijo de María Monzón Ruíz y Francisco Serrano Medel. Inició su carrera como escritor y editor a la edad de 19 años en 1991 con la publicación del fanzine CENT GARDE. Dirigió los semanarios La Voz del Pacifico, Momento y Viernes. Actualmente dirige el Sistema Ciudadano de información, un complejo comunicacional alternativo productor y emisor de contenidos culturales e históricos tanto en texto como en audio y video para su distribución a través de diferentes plataformas como estaciones de radio, páginas web y libros tanto impresos como digitales. Es también productor general del Homenaje a Emiliano Zapata ¨I Love SkaFest Rosarito¨. Hoy en día convive con su compañera Aracely Brown y su hija Isis Ix-Chel en Playas de Rosarito, Baja California.
Escritor. Nació en Tijuana, Baja California, MEXICO, en 1971 Hijo de María Monzón Ruíz y Francisco Serrano Medel. Inició su carrera como escritor y editor a la edad de 19 años en 1991 con la publicación del fanzine CENT GARDE. Dirigió los semanarios La Voz del Pacifico, Momento y Viernes. Actualmente dirige el Sistema Ciudadano de información, un complejo comunicacional alternativo productor y emisor de contenidos culturales e históricos tanto en texto como en audio y video para su distribución a través de diferentes plataformas como estaciones de radio, páginas web y libros tanto impresos como digitales. Es también productor general del Homenaje a Emiliano Zapata ¨I Love Ska Fest Rosarito¨. Hoy en día convive con su compañera Aracely Brown y su hija Isis Ix-Chel en Playas de Rosarito, Baja California.

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